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EL ESCULTOR E IMAGINERO FRANCISCO FERNÁNDEZ BUIZA

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MARTÍNEZ LEAL, Pedro Ignacio: El escultor e imaginero Francisco Fernández Buiza. Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 2000, ISBN:84-8093-045-4, 363 págs., il.

Doce años después de que el autor presentara este trabajo como su Tesis de Licenciatura en la Universidad de Sevilla, obteniendo la máxima calificación de Sobresaliente por Unanimidad, en un tribunal formado por valiosos especialistas, ve la luz por fin este esperado libro.

Su aparición ha llenado de satisfacción a los estudiosos del arte y de las cofradías de toda Andalucía donde tan prolífico su quehacer artístico. Un orgullo tanto m s grande para el que suscribe estas líneas en tanto en cuanto Paco Buiza se sintió siempre ante todo carmonense, muy a pesar de que durante una buena parte de su vida vivió en la capital hispalense. Sin duda, las circunstancias de la Posguerra le obligaron a marcharse a vivir a Sevilla, concretamente al barrio de la Feria. Pero, pese a las circunstancias, jamás perdió el amor por su ciudad natal ni, por su puesto, su profunda devoción a la Virgen de Gracia, patrona de Carmona.

La obra se distribuye inteligentemente en una introducción y cuatro grandes partes, a saber: biografía, taller, estilo y catálogo de obras. En la biografía desgrana con sumo detalle y esmero cada uno de los aspecto de su vida. En la lectura de estas líneas se percibe claramente la implicación del autor en la vida del recordado escultor y de su familia mucho más allá del mero trabajo de investigación. En este sentido el trabajo de Martínez Leal es envidiable. Como no podía ser de otra forma destaca de manera notable su vinculación con la ciudad de Carmona, y su relación -no siempre fácil- con ésta. De origen humilde, estudio algunos años en el antiguo colegio salesiano de Carmona, para trabajar desde corta edad en distintos oficios, como pastor, jornalero y hasta panadero. Una vez en Sevilla estudio modelado en la Escuela de Artes y Oficios y trabajó de ceramista en distintos talleres hasta que conoció al que sería su maestro Sebastián Santos Rojas. Hasta 1954 no tuvo su taller propio, desde el que realizó su prolífica labor artística.

Se incide asimismo en ese fatídico accidente de motocicleta, ocurrido en 1962, que tanto marcó no solo su aspecto físico sino también su carácter desde entonces mucho m s seco y desconfiado. Incluso las circunstancias concretas de su fallecimiento en 1983 son desgranadas con el rigor de un historiador pero también con el detalle de un periodista.

Sus clientes eran fundamentalmente instituciones religiosas, iglesias y sobre todo hermandades, pues, su producción, aunque cuenta con obras profanas, es sobre todo de carácter devota. Su trabajo para las hermandades andaluzas fue muy prolífico hasta el punto que pasan del medio centenar las efigies salidas de su taller que procesionan en la Semana Santa Andaluza. Auténticas obras emblemáticas dentro de la imaginería andaluza que sería imposible mencionar todas aquí de las que, no obstante, son buena muestra el misterio del Santo Entierro de la hermandad del mismo nombre de Carmona, el Cristo Yacente de Coria del Río, el Crucificado de la Sangre de la Hermandad de San Benito de Sevilla, el Cristo de la Columna de la hermandad de las Cigarreras, el Cristo de la Agonía de la iglesia de San Julián de Málaga, entre un largo etcétera. Sin olvidar tampoco una iconografía muy querida por él, la del Niño Jesús, así como sus innumerables Vírgenes, como la de la Santísima Trinidad de la parroquia de Santa Cruz de Cádiz o la de la O de la hermandad de los Gitanos, donde presenta esas mujeres maduras, guapas y, como dice Martínez Leal, también sufridas.

Realmente fue Buiza un autor polifacético que realizó todo tipo de iconografías religiosas y profanas, restauró imágenes como el Crucificado de la hermandad de la Amargura de Carmona, realizó numerosas canastillas. En ellas labró como nadie los querubines y angelotes, siendo, como afirma el autor del libro, el "escultor de los ángeles", y en ese aspecto destacó sobre otros grandes decoradores de pasos de su época.

No solo trabajó una gran variedad de iconografías sino también utilizó muy diversos materiales como el barro, muy especialmente el pino y excepcionalmente el marfil.

Buiza puede considerarse como el último gran escultor barroco de Sevilla. Sus obras recuerdan a los grandes escultores del siglo de oro sevillano desde Martínez Montañés a Duque Cornejo, pasando por Alonso Cano y por Juan de Mesa.

En el extenso catálogo de obras que aparece en la última parte del libro se detallan, por iconografías, cada una de las obras identificadas del imaginero carmonense. Es de destacar la modestia del autor al titular dicha parte como "catálogo provisional", cuando incluye cientos de obras, algunas de ellas ubicadas en lugares tan recónditos como el crucificado de la capilla del cortijo de Martín Juan, en los confines de la vega de Carmona. El catálogo es pues extenso y muy completo pese a que es posible citar algunas obras muy específicas que no aparecen en él como una Virgen del Carmen de la capilla del colegio "El Tomillar" de Badajoz. Detalles sin importancia que el mismo Martínez Leal previó y que en absoluto empañan la labor realizada por este investigador sevillano.

Mi más sincera enhorabuena al autor por deleitarnos con una obra que es, desde el mismo momento de su aparición, de lectura obligada para todos los interesados en la historia de las cofradías, de las advocaciones religiosas y de la imaginería andaluza.

 

Esteban Mira Caballos

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