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HERNÁN CORTÉS. EL FIN DE UNA LEYENDA

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MIRA CABALLOS, Esteban: Hernán Cortés, el fin de una leyenda. Trujillo, Editorial Palacio de los Barrantes Cervantes, 2010, en Revista de Estudios Históricos, del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas, Nº 53. Santiago de Chile, 2011, pp. 361-363.

El autor, Esteban Mira Caballos, de nacionalidad española, natural de Carmona, es actualmente profesor de historia. Se licenció en 1990 en Geografía e Historia en la Universidad de Sevilla, doctorándose en Historia de América en la misma universidad en 1995.

Se ha especializado en el estudio de las relaciones entre España y América en el siglo XVI, teniendo 16 libros publicados y 30 ponencias en congresos españoles e internacionales. Asimismo, alrededor de 60 artículos suyos han sido dados a conocer en revistas relacionadas con la historia, tanto españolas como extranjeras. Actualmente, ayuda a la Academia de la Historia de España en la preparación de biografías para el Diccionario Biográfico Español, como asimismo, a la Academia Dominicana de la Historia, de la cual es miembro correspondiente, en la elaboración de una Historia General de la Nación Dominicana.

En el libro que comentamos, dividido en 11 capítulos, conclusión, bibliografía y apéndices, se analiza con detención la figura y obra de Hernán Cortés a la luz de archivos españoles y americanos consultados por el autor. La personalidad de Cortés, sus ancestros, su familia, su religiosidad, su relación con la corona española y con sus representantes en América, su vida y obra en Méjico, particularmente la conquista del imperio azteca, sus iniciativas posteriores, el regreso a España y muerte, son entre otros temas tratados de forma acuciosa por el autor.

Asimismo, se incluyen numerosos documentos como los ingresos anuales de Martín Cortés (padre del conquistador de Méjico) a principios del siglo XVI que demuestran que en ningún caso se trataba de una persona carente de recursos, de procedencia geográfica de los hombre de Cortés, la relación detallada de los componentes identificados de la expedición de Cortés, numerosas cartas dirigidas por Cortés al Emperador y al Consejo de Indias, varios relativos a la condición de hidalgos de la familia Cortés y la genealogía de Catalina Pizarro Altamirano, madre del conquistador.

En todo caso, lo que de preferencia nos interesa está tratado en los capítulos IV, “su familia en la Extremadura bajomedieval”, y V, “nacimiento, infancia y juventud”, donde se analizan los antecedentes familiares de Cortés y sus antepasados, la posición social y económica de su familia en la entonces Castilla de fines del siglo XV y la primera mitad del siglo XVI y que nos permite tener un conocimiento más preciso del entorno familiar del conquistador de Méjico. Asimismo, resulta de interés para Chile por la posible relación familiar que pudiese existir entre el conquistador de Méjico y Pedro Cortés Monroy quien llegó a Chile, como soldado, en 1557 y culminó su carrera militar como Maestre de Campo General del Ejército de Chile, constituyéndose en uno de los conquistadores más notables que llegaron a nuestro país, tronco de viejos linajes serenenses y genearca de la sociedad chilena.

Esteban Mira Caballos en su obra sobre Cortés, desautoriza a diversos investigadores que hacen descender a su familia de un abuelo paterno Monroy casado con una María Cortés, la cual nunca habría existido; como de otros que le asignaron por varonía paterna la de Rodríguez de las Varillas. Según sus investigaciones, el más remoto antepasado conocido de Cortés por línea de varón es su bisabuelo Nuño Cortés, vecino del Reino de León, al parecer residente en Salamanca y a quien cataloga como “probablemente hidalgo”. Hijo suyo y por consiguiente, abuelo de Hernán Cortés fue Martín Cortés el viejo, quien debe haber nacido en Salamanca, quien hacia 1431 participó en incursiones sobre la vega de Granada, tomando parte en la batalla de Higueruela el 1 de julio de ese año, oportunidad que vencieron las tropas comandadas por Juan II de Castilla, quien dos días después, el 3 de julio, armó al abuelo de Cortés, Caballero de la Espuela Dorada. Con posterioridad residió en Medellín donde tenía su casa solariega y en Don Benito donde tenía las tierras, las que le habrían sido otorgadas por sus servicios militares.

Según el autor, de las tres formas de caballería que había en Castilla la Espuela Dorada era la superior y solo se otorgaba a los hidalgos, motivo que probaría que Martín Cortés el viejo había nacido bajo esa condición de nobleza media, superior al hidalgo pero inferior a la nobleza titulada. El Caballero de la Espuela Dorada estaba obligado a mantener armas y caballos para salir en defensa de su rey. Precisamente este hecho constituyó un problema, según Mira Caballos, para los hijos y nietos de Martín Cortés, por haberse diluido el patrimonio familiar, tanto por lo numerosa de su descendencia como por la pobreza general que experimentó en esa época la comarca de Medellín, lo que provocó que muchas veces sus descendientes no pudiesen hacer frente a las obligaciones que implicaba pertenecer al estamento de los caballeros como concurrir con armas y caballos propios en los hechos de armas. Al no poder hacerlo, los descendientes de Martín Cortés el viejo, en numerosas ocasiones, incluso en el siglo XVII, tuvieron que solicitar en el concejo de Medellín y de Don Benito que no los eliminasen del padrón de hidalgos. Por esta circunstancia el padre del conquistador de Méjico habría tomado parte en la conquista de Granada como simple soldado de infantería, lo que sin embargo no implicaba que fuera pobre sino que carente de medios, según el autor, ya que contaba con varias propiedades agrícolas en el lugar de su residencia, además de casas en Medellín y en Don Benito pero que sin embargo en determinados períodos de su existencia no le permitieron mantenerse de acuerdo a su condición social.

Para Mira Caballos, Martín Cortés el viejo se habría casado con una Monroy a la que cataloga como una familia de abolengo, teniendo el matrimonio seis hijos, cuatro hombres y dos mujeres, además de por lo menos una hija nacida fuera del matrimonio. El mayor fue Hernán Cortés de Monroy, quien reclamó para si el privilegio de caballería. El segundo, Juan Cortés de Monroy, padre de Francisco Cortés, natural de Don Benito y activo en Méjico en 1518. El tercero se llamó Alonso quien, en 1500, era vecino de Don Benito, casado y con al menos dos hijas, y el cuarto fue Martín Cortés de Monroy, padre del conquistador, nacido alrededor de 1449, casado con Catalina Pizarro Altamirano, de antiguas familias hidalgas de Trujillo, siendo Hernán Cortés al parecer el único hijo hombre. Desafortunadamente, las mujeres no las menciona salvo la media hermana de su padre Inés Gómez de Paz, casada con Francisco Núñez Varela, profesor universitario en Salamanca, en cuya casa vivió el conquistador cuando asistió a esa universidad.

En lo que respecta al interés para nuestro país de esta obra, cabe señalar que al tratar el parentesco de los Cortés con los Monroy menciona que dispone de la partida de bautismo de Pedro Cortés de Monroy, celebrado en la parroquia de la Zarza de Alange el 15 de abril de 1536, “hijo de Juan Regas, natural de la Zarza y María Mateos y Cortés de Monroy, natural de Medellín”, lo que expresa que debe haber sido hija de una hermana de Martín Cortés de Monroy y por consiguiente, prima hermana del conquistador de México, el cual no es otro que nuestro conocido conquistador llegado a Chile en 1557 y quien según ello, sería sobrino en segundo grado de Hernán Cortés.

De acuerdo a esos antecedentes, Cortés de Monroy, conquistador en Chile tendría un posible origen hidalgo y no de pechero, condición que siempre se le ha otorgado y que además, fue refrendada por el Consejo de Órdenes cuando su segundo hijo solicitó el hábito de Santiago y dicho Consejo dictaminó que el solicitante era nieto de hombre llano y pechero llamado Juan Borregas, que es el mismo Juan Regas antes indicado. Asimismo, llama la atención que la descendencia de Pedro Cortés de Monroy jamás invocara su parentesco con Hernán Cortés, el conquistador de Méjico. Esperamos, en todo caso, que este probable parentesco origine a nuevos estudios sobre el tema.

 

Manuel José Ureta Álamos

Miembro de Número

Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas.

18/04/2012 09:35 Esteban Mira Caballos Enlace permanente. sin tema

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