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HERNANDO DE SOTO

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Mira Caballos, Esteban: Hernando de Soto. El conquistador de las Tres Américas. Barcarrota, Ayuntamiento y Fundación de los Pizarro, 2012.

      Natural de Carmona y doctor en Historia de América, Esteban Mira, que pasó a Extremadura como profesor de Bachillerato, tiene publicadas una veintena de obras y ha suscrito un centenar de biografías en el Diccionario Biográfico Español de la Academia de la Historia. Distinguen sus estudios tres características básicas: atención a las fuentes documentales, conocimiento de la bibliografía histórica clásica y reciente e independencia de criterio, lo que más de una vez le impulsa a contradecir tesis tradicionalmente aceptadas. Así lo demostró en trabajos como Hernán Cortés. El fin de una leyenda (2010) y lo confirma esta biografía del “Conquistador de las tres Américas”, según llama a Hernando de Soto.
     Aunque no ha podido tdeterminar el año (1500, aprox.), ni el lugar de su nacimiento (Jerez de los Caballeros, Badajoz o Barcarrota), así como otras lagunas de este “carismático individuo” (Max Weber), la personalidad de quien dejase la vida en las riberas del recién descubierto Mississippí se percibe a través de estas páginas, poco condescedientes con cualquier espíritu hagiográfico, extraordinariamente atractiva.
     Las obras de Fidalgo de Elvas (Expedición de Hernando de Soto a la Florida, Madrid, Espasa Calpe, 1965), el Inca Garcilaso de la Vega (La Florida del Inca, Madrid, FUE. 1982), Luis Villanueva (Hernando de Soto, Badajoz, Arqueros, 1929 ), Miguel Muñoz de San Pedro (El jerezano Hernando de Soto, Jerez, La Competidora, 1968) y M.C. Mena García (El oro de Darién. Entradas y cabalgadas en la conquista de Tierra Firme, Sevilla, Junta de Andalucía, 2011), son las referencias bibliográficas fundamentales del rico elenco que recoge el oportuno apéndice.
     Pasado al Nuevo Mundo con apenas quince años, Soto fue personaje sobresaliente en la conquista del Perú, junto a Pizarro, a quien criticará por el asesinato Atahualpa. Enriquecido con los tesoros incaicos (unos 38 millones de euros, se calcula), el temible guerrero invertirá toda su hacienda, buscando honra, pretigio y mayores ganancias en la empresa que a la postre le acarreará ruina y muerte: la conquista de la Florida y demás territorios norteamericanos, donde sólo encontrará poblaciones belicosas, escasos bienes de consumo y apenas oro, plata, perlas o piedras preciosas, que tan ansiosamente buscó a través de miles de kilómetros, llanuras infinitas y ríos interminables. Casi la mitad de sus huestes procedían de Extremadura.
     Pese a lo que no pocas veces dice, también Hernando de Soto, hombre de singular valentía y arrojo, se condujo según las crueles normas de la guerra: “Nunca cuestionó la legalidad de la conquista, como hicieron algunos religiosos, especialmente los dominicos, y además recurrió a tormentos, ejecuciones y mutilaciones cuando los juzgó necesarios, exactamente igual que los demás guerreros de su tiempo” (pág. 33), declara el historiador, no sin insistir en que a cada persona hay que juzgarla en el contexto que le tocó vivir.
     No dejan de sorprender ciertas inexactitudes de este riguroso investigador, que insiste en citar publicaciones de la Institución pacense “Juan de Valencia” (en vez de Pedro) o recuerda al estudioso extremeño Felipe (en vez de Vicente) Navarro del Castillo. Pequeños lunares en una obra tan densa como atractiva.

(Reseña publicada por el prof. Manuel Pecellín en el diario Hoy de Badajoz, 21 de septiembre de 2012)

04/10/2012 11:08 Esteban Mira Caballos Enlace permanente. sin tema

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