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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2012.

WALTER BENJAMIN Y SU TESIS SOBRE LA HISTORIA

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BENJAMIN, Walter: Tesis sobre la Historia y otros fragmentos (introducción y traducción de Bolívar Echeverría). México, U.A.C.M., 2008, 119 pp., ISBN: 978-968-7943-95-4

    Hace unos meses cayó en mis manos este ejemplar, recientemente editado, que ha supuesto para mí un verdadero hallazgo. Es un libro delicioso, tanto por los textos de su autor, como por la excelente introducción del profesor Bolívar Echeverría, así como por su cuidada edición. Ello hace de su lectura un verdadero placer, pues aúna la excepcional capacidad intelectual de su autor con una de esas ediciones que gusta tocar, palpar, hojear…
    Como es bien sabido, Walter Benjamin, escritor y filósofo alemán de origen judío, estaba escribiendo esta obra cuando, tras ser acosado por los Nazis, se suicidó antes de ser apresado. La había comenzado a escribir en 1939 y, a su muerte, en 1940, con 48 años de edad, la dejó inconclusa. Dos años después, se editó por primera vez, pero con otro título: Sobre el concepto de Historia, basándose en varios borradores y en diversas anotaciones realizadas, mientras huía. Algunos de esos textos están escritos en hojas sueltas y hasta en los márgenes de las páginas de los periódicos que con frecuencia leía. Por tanto, hay que examinar la obra teniendo en cuenta estos condicionantes. Muchas ideas están sin desarrollar o a medio explicar por las dramáticas circunstancias que rodearon la vida de Benjamin en los últimos años de su vida y que le impidieron culminar su última obra. Sin embargo, la capacidad de Benjamin es tan excepcional que cada párrafo, cada frase, es un verdadero tesoro que provoca la reflexión y el sobresalto continuo en el lector.
    Básicamente, su autor trató de construir una estructura teórica, una nueva metodología a partir de la cual rescribir la Historia. Por supuesto se opuso al historicismo porque, a su juicio, empatizaba siempre con los vencedores. Esta corriente historiográfica, tan criticada por Benjamin, plantea el pasado como algo remoto, a diferencia del materialismo histórico que concibe un tiempo pleno, una imbricación entre tiempo-ahora, o entre pasado y presente. No es de extrañar que el autor plantee la posibilidad y hasta la necesidad de partir del presente para explicarse el pasado. De ahí que algunos historiadores actuales, entre ellos Eric Hobsbawm, afirmen que toda historia es necesariamente contemporánea. Y para Benjamin, el sumun del historicismo reaccionario se alcanza en la historia universal que, a su juicio, carece de cualquier armazón teórico y, por tanto, solo contiene una narración de hechos vacíos, sin valor alguno.
     Asimismo, recalca vehementemente que todos los bienes culturales actuales, no son otra cosa que el botín de guerra de los vencedores, pues deben su existencia no sólo a los genios que los idearon sino a la servidumbre anónima de sus contemporáneos. Todo vestigio cultural es a su vez un documento de la barbarie. Y efectivamente, si lo pensamos bien, todos los testimonios y legados culturales son, bien, obra directa de los vencedores, o bien, trofeos arrebatados a los vencidos.
Ahora bien, también critica abiertamente la metodología marxista de su tiempo, lo que probablemente le restó los apoyos necesarios para su propia supervivencia vital.  Y es que Walter Benjamin, como buen intelectual, se situó en todo momento frente al poder, se llamase éste fascismo o estalinismo, algo que le honra. Él pretendía introducir en el materialismo histórico una radical corrección mesiánica. Curiosamente, llega a comparar al capitalismo con el anticristo y al materialismo histórico con el Mesías, el mismo que, a su juicio, estaba a punto de redimir al mundo. Su prematura muerte impidió explicar bien cómo conseguiría aunar el materialismo histórico con el mesianismo judío para dar lugar a una nueva metodología que, utilizando sus propias palabras, diese eficiencia al discurso materialista y auspiciase una nueva revolución frente al capitalismo. Un sistema, este último, que a su juicio había entrado en su ocaso, con regímenes ultranacionalistas como el Nazi.
    Como buen revolucionario, Benjamin rechaza de plano la socialdemocracia porque estima que es un reducto de conformismo que impide la derrota de las clases dominantes. Por todo ello, cree que ha llegado la hora de la verdadera revolución, cuya base ideológica debía estar en una nueva metodología de la Historia, en una renovación del materialismo histórico, que pusiese al descubierto las miserias y mentiras de la clase dominante. Defiende, asimismo, que el sujeto de esta nueva historia no debe ser la humanidad entera sino sólo la clase subalterna. Para él, hacer historia implica necesariamente reconstruir el pasado nunca escrito de los eternamente vencidos.  Y en una de sus frases más lúcidas afirma que si esta nueva revolución no da un vuelco definitivo de la situación tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, un enemigo que no ha cesado de vencer.  
    El objetivo último de la revolución, de esa locomotora de la historia, como él la denomina, es, por un lado, el fin del progreso –origen de la catástrofe- y, por el otro, la consecución de una sociedad sin clases. Suena bien, aunque a muchos les pueda parecer utópico. Pero la utopía es lo único que nos queda a los que todavía soñamos con un mundo más justo.Obviamente, no se puede separar al personaje y a su pensamiento de sus circunstancias personales. Su origen judío y el tiempo de barbarie que le tocó vivir, especialmente durante la Alemania Nazi, están en el germen de toda su obra.
    En definitiva, pese a estar inacabada, esta Tesis sobre la Historia es una obra fundamental del pensamiento contemporáneo, útil para cualquier persona que quiera hacer Historia en el siglo XXI. Y es que Walter Benjamin, además de ser una persona comprometida socialmente, hasta el punto de dejarse en ello su propia vida, fue uno de los más brillantes pensadores del siglo pasado.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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HERNANDO DE SOTO

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Mira Caballos, Esteban: Hernando de Soto. El conquistador de las Tres Américas. Barcarrota, Ayuntamiento y Fundación de los Pizarro, 2012.

      Natural de Carmona y doctor en Historia de América, Esteban Mira, que pasó a Extremadura como profesor de Bachillerato, tiene publicadas una veintena de obras y ha suscrito un centenar de biografías en el Diccionario Biográfico Español de la Academia de la Historia. Distinguen sus estudios tres características básicas: atención a las fuentes documentales, conocimiento de la bibliografía histórica clásica y reciente e independencia de criterio, lo que más de una vez le impulsa a contradecir tesis tradicionalmente aceptadas. Así lo demostró en trabajos como Hernán Cortés. El fin de una leyenda (2010) y lo confirma esta biografía del “Conquistador de las tres Américas”, según llama a Hernando de Soto.
     Aunque no ha podido tdeterminar el año (1500, aprox.), ni el lugar de su nacimiento (Jerez de los Caballeros, Badajoz o Barcarrota), así como otras lagunas de este “carismático individuo” (Max Weber), la personalidad de quien dejase la vida en las riberas del recién descubierto Mississippí se percibe a través de estas páginas, poco condescedientes con cualquier espíritu hagiográfico, extraordinariamente atractiva.
     Las obras de Fidalgo de Elvas (Expedición de Hernando de Soto a la Florida, Madrid, Espasa Calpe, 1965), el Inca Garcilaso de la Vega (La Florida del Inca, Madrid, FUE. 1982), Luis Villanueva (Hernando de Soto, Badajoz, Arqueros, 1929 ), Miguel Muñoz de San Pedro (El jerezano Hernando de Soto, Jerez, La Competidora, 1968) y M.C. Mena García (El oro de Darién. Entradas y cabalgadas en la conquista de Tierra Firme, Sevilla, Junta de Andalucía, 2011), son las referencias bibliográficas fundamentales del rico elenco que recoge el oportuno apéndice.
     Pasado al Nuevo Mundo con apenas quince años, Soto fue personaje sobresaliente en la conquista del Perú, junto a Pizarro, a quien criticará por el asesinato Atahualpa. Enriquecido con los tesoros incaicos (unos 38 millones de euros, se calcula), el temible guerrero invertirá toda su hacienda, buscando honra, pretigio y mayores ganancias en la empresa que a la postre le acarreará ruina y muerte: la conquista de la Florida y demás territorios norteamericanos, donde sólo encontrará poblaciones belicosas, escasos bienes de consumo y apenas oro, plata, perlas o piedras preciosas, que tan ansiosamente buscó a través de miles de kilómetros, llanuras infinitas y ríos interminables. Casi la mitad de sus huestes procedían de Extremadura.
     Pese a lo que no pocas veces dice, también Hernando de Soto, hombre de singular valentía y arrojo, se condujo según las crueles normas de la guerra: “Nunca cuestionó la legalidad de la conquista, como hicieron algunos religiosos, especialmente los dominicos, y además recurrió a tormentos, ejecuciones y mutilaciones cuando los juzgó necesarios, exactamente igual que los demás guerreros de su tiempo” (pág. 33), declara el historiador, no sin insistir en que a cada persona hay que juzgarla en el contexto que le tocó vivir.
     No dejan de sorprender ciertas inexactitudes de este riguroso investigador, que insiste en citar publicaciones de la Institución pacense “Juan de Valencia” (en vez de Pedro) o recuerda al estudioso extremeño Felipe (en vez de Vicente) Navarro del Castillo. Pequeños lunares en una obra tan densa como atractiva.

(Reseña publicada por el prof. Manuel Pecellín en el diario Hoy de Badajoz, 21 de septiembre de 2012)

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CULTURAS POLÍTICAS DE LA REGIÓN ANDINA

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Christian Büschges/ Olaf Kaltmeier/ Sebastián Thies (eds.): Culturas políticas en la región andina. Madrid: Iberoamericana, 2011. 436 páginas.

      Se reúnen un total de dieciocho contribuciones, referentes al área andina en la Edad Contemporánea. De ellas, cuatro analizan la participación ciudadana, otras tantas los actores políticos y los espacios públicos, cinco la participación política del conglomerado indígena, dos la cooperación y los conflictos transnacionales y, finalmente, otras cuatro la cultura, el arte y las pautas alimentarias. La mayoría de las aportaciones se centran en la historia más reciente, es decir en las dos últimas décadas, con algunas excepciones dedicadas a la época decimonónica o a los inicios del siglo pasado. Como puede observarse, las cuestiones tratadas son muy heterogéneas, pero tienen en común el estar circunscritas al espacio andino, con toda la singularidad que le otorgan el territorio y la historia.
      De especial interés son los trabajos que tratan sobre esa innovadora corriente política, liderada por Hugo Chávez, que él mismo ha denominado la V República Bolivariana de Venezuela, y su influjo en otros muchos países, como Ecuador, Bolivia o Brasil. El trabajo de Hans-Jürgen Burchardt, analiza críticamente los avances y atrasos conseguidos por el régimen del carismático líder venezolano, especialmente desde la aprobación de la nueva Constitución, a finales de 1999. La prioridad de este régimen es la universalización de los derechos sociales y el fomento de la participación económica y política de toda la ciudadanía. Y además, con el objetivo final de servir de referente, es decir, de locomotora para otros países que se quieran sumar al movimiento bolivariano. Por su parte, María Pilar García-Guadilla, trata en concreto de los éxitos y frustraciones de la actual democracia participativa venezolana. Logros como la lucha contra la pobreza, la política social y la participación política de la ciudadanía se combinan con aspectos bastante menos positivos, como el clientelismo y el paternalismo político, tan típicos, por otro lado, de la cultura política venezolana en particular y latinoamericana en general. Pese a todo, el régimen chavista constituye una alternativa seria al capitalismo, hasta el punto que algunos lo denominan ya como el socialismo del siglo XXI. Por ello, lo que empezó siendo una aventura aislada y aparentemente pasajera de un militar se ha convertido en una seria opción política para muchos países de su entorno. Los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador están liderando, con resultados dispares, una ruptura con la democracia liberal y con el tradicional monopolio de los altos cargos políticos por parte de la oligarquía.
     La participación política indígena es otra de las grandes temáticas tratadas en este volumen. Marta Irurozqui demuestra que ya en el siglo XIX hubo una cierta partición política del conglomerado indígena, que fue considerado trabajador y, por tanto, ciudadano, aunque a finales de esa centuria se extendiese de nuevo una cierta exclusión. Sin embargo, en la última década del siglo XX, la situación ha vuelto a cambiar. Desde que, en 1991, la nueva Constitución colombiana proclamase el carácter multicultural del Estado, otros muchos países, como Perú, Venezuela, Ecuador y Bolivia han seguido su senda. El caso de Bolivia es especialmente significativo pues, desde 2006, el presidente del gobierno es de ascendencia aymara, siendo el primer indígena que preside un país latinoamericano. Además, ese mismo año coincidió con la promulgación por la ONU de los Derechos de los Pueblos Indígenas, un verdadero hito para este colectivo durante tanto tiempo marginado. Nidia Catherine González analiza un caso muy singular de participación política en Colombia: el del movimiento indígena del proyecto Nasa del norte del Cauca, que busca la autonomía política indígena, y el del proceso constituyente de Mogotes, en el departamento del Santander. Dos iniciativas aisladas, que intentan implementar un modelo alternativo de democracia participativa, pues promueven la inclusión y la participación ciudadana frente al excluyente modelo estatal. Por su parte, Andrea Kramer, Ulrich Müller, Simón Ramírez Voltaire, Almut Schilling-Vacaflor y Bettina Schorr se centran en el examen de distintos casos de participación local también en Bolivia, desde la implantación de la descentralización del país. Los dos primeros tratan el caso del distrito indígena de Kaami, en el Chaco, mientras que el tercero estudia los casos del municipio de Tiquipaya, en el departamento de Cochabamba, y de un barrio de la populosa ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Este último destaca el contraste entre el peso político del movimiento indígena de Tiquipaya frente a la debilidad de los sindicatos indígenas en Santa Cruz. Los dos últimos autores analizan las cuatro organizaciones indígenas más importantes del país demostrando que, pese a que desde fuera se pueda ver como un movimiento unificado, en realidad no forman un bloque monolítico sino que existen tensiones y conflictos entre ellos. Peor aún es el caso de Ecuador donde, según el trabajo de Jonas Wolff, el movimiento indígena sufre un evidente retroceso por la división interna de sus líderes, acentuada deliberadamente por el propio gobierno. Coincide básicamente con lo que afirma Pablo Ospina Peralta, es decir, que el gobierno de Rafael Correa presenta algunas contradicciones pues, por un lado, aprobó en 2008 una constitución que declaraba al Estado como plurinacional, y por el otro, está permitiendo exclusiones de las organizaciones indígenas. Unas contradicciones en la conformación de lo público en las que los medios de comunicación están jugando un papel decisivo, como aclara Marcos Navas Alvear. Pese a este cúmulo de avances y retrocesos, en líneas generales se puede decir que los tradicionalmente excluidos, especialmente los grupos indígenas, son cada vez más visibles en la sociedad actual andina.  
      Varios trabajos analizan las difíciles relaciones y la cooperación, por un lado, entre los distintos Estados andinos, y por el otro, entre los propios grupos indígenas. Así, mientras Hartmut Sangmeister y Alexa Schönstedt insisten en el fracaso de la unificación de Latinoamérica desde los utópicos proyectos de Simón Bolívar, Theodor Rathgeber estudia detenidamente esta cooperación entre distintas organizaciones indígenas, que actualmente tienen la voluntad de hacerse notar en la toma de decisiones de toda la zona.  
      El volumen se cierra con dos interesantes aportes: uno de Thomas Bosshard sobre el impacto de la histórica escuela de Warisata en la actual Ley de Educación boliviana, aprobada durante el mandato de Evo Morales. Y otro de María Dabringer que diserta sobre la coexistencia en Ecuador de la gastronomía globalizada con la tradicional. En un mundo globalizado, donde las grandes cadenas de restaurantes internacionales se abren paso, también subsiste una cultura gastronómica andina que se reivindica como un factor identitario.
     En definitiva, los trabajos recogidos en esta obra constituyen un avance en el entendimiento de un espacio político diverso, singular y cambiante como es el andino. Tradición y globalización, occidentalismo e indigenismo, neoliberalismo y colectivismo son ingredientes que hacen especialmente singular a esta región, preñada de historia y con un presente y un futuro difícil pero a la vez muy esperanzador.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Reseña publicada en Iberoamericana, Nº 47. Berlín, 2012)                              

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