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TODOROV, Tzvetan: El miedo a los bárbaros. Más allá del choque de civilizaciones. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2008, 312 pp.

 

        Este ensayo del filósofo búlgaro Tzvetan Todorov constituye una réplica inteligente a la polémica obra de Samuel P. Huntington sobre el choque de civilizaciones. Y digo inteligente porque desmonta, con argumentos sólidos, la existencia de dicha confrontación. Con una dialéctica divulgativa, asequible por tanto a cualquier persona con una formación cultural media, ahonda en los orígenes del concepto de bárbaro y lo confronta con el de civilización. Y a continuación, analiza con ejemplos recientes el supuesto enfrentamiento entre civilización –Occidente- y barbarie –países islámicos- así como los enfrentamientos supuestamente étnicos o culturales, dentro de las fronteras de los propios países occidentales.

Los partidarios de la teoría del choque de civilizaciones concretan un total de ocho civilizaciones, incluida la occidental, todas ellas rivales. Pero, a juicio de estos, solo dos de ellas, la occidental y la islámica, libran en la actualidad un combate a muerte por el liderazgo mundial. Este nuevo combate entre Occidente e Islam, comenzó a Partir de 1990 cuando cayó el Muro de Berlín y se desmoronaron los regímenes comunistas de Europa. Del enfrentamiento del Capitalismo-Comunismo hemos pasado al enfrentamiento entre Occidente e Islam. Y para justificar su tesis del enfrentamiento civilizatorio, esgrimen todos y cada uno de los atentados perpetrados por los yihadistas; los ataques terroristas como las Torres Gemelas de Nueva York o el de Atocha en Madrid, fueron muestras inequívocas de esa guerra civilizatoria. El Islam se confunde con el integrismo islámico y con el barbarismo, mientras que Occidente encarna los valores liberales y democráticos.

Pero la realidad no es exactamente así; estos atentados no indican la existencia de nada parecido a un choque de civilizaciones sino que responden tan solo al deseo de una minoría integrista de satisfacer sus rencores personales y al de los otros de devolverlos. En esta teoría coinciden tanto Tzvetan Todorov como el filósofo esloveno Slavoj Zizek. Y las venganzas con que actúa sobre todo Estados Unidos con sus guerras preventivas o las torturas en Guantánamo y Abú Graíb no hacen más que acentuar el odio y retroalimentar el resentimiento. Además, los extremistas a sabiendas de que si son capturados sufrirán torturas, prefieren morir como kamikazes a ser capturados, aumentando considerablemente los daños y las víctimas. Occidente está renunciando a sus valores democráticos con la excusa de que se lucha contra el terror. Eso permite a Estados Unidos y a sus acólitos campar a sus anchas, invadiendo países, robando, y sembrando el terror y la destrucción por allí donde pasan. Cada golpe terrorista, vinculado al islam, se responde con otro golpe, lo que provoca un encadenamiento funesto de hechos dramáticos. Un círculo vicioso que es necesario romper. Y para colmo, esas agresiones son vistas como legítimas por los llamados países democráticos. Sin embargo, este contraterrorismo cada vez se parece más al terrorismo que combaten, dando argumentos a estos grupos extremistas para seguir en su lucha. Como dice el autor, es precisamente este miedo a los bárbaros lo que amenaza seriamente con convertirnos a todos en bárbaros. Porque esta idea de la confrontación civilizatoria, pese a ser falsa, crea un ambiente de hostilidad mundial peligrosa para todos.

El autor califica a los países del mundo en cuatro grupos, a saber: primero, los de apetito, formado por países emergentes como China, la India, Brasil, México y Sudáfrica. Segundo, los del resentimiento, formado por aquellos estados que están enojados por la continua humillación, real o imaginaria, padecida a costa de Occidente. Aquí se agruparían la mayoría de los países musulmanes como Pakistán, Afganistán, Irán, Irak, Libia, etc. Tercero, los países del miedo, que estaría formado por los estados occidentales que temen por igual los ataques terroristas de los países del resentimiento como la pujanza económica de los países del apetito. Y cuarto y último, los indecisos, que son un grupo de naciones que podríamos denominar neutrales y que, por tanto, no se pueden enmarcar fácilmente en ninguno de los tres grupos anteriores.

        El gran problema de Occidente es el miedo a los bárbaros que está provocando una serie de actuaciones que retroalimentan el problema. La palabra bárbaro tiene lejanos orígenes grecolatinos, pues estos llamaban así a todo el que no dominaba el griego, es decir, a todos los extranjeros. Estos bárbaros se caracterizarían porque obedecen a un tirano y porque no reconocen la humanidad de los demás grupos humanos. Es decir, que un bárbaro se caracterizaba sobre todo por su incapacidad para reconocer la humanidad del resto de los mortales, a diferencia de lo que hacían los grupos civilizados. Si aplicamos el concepto al Occidente actual nos daremos cuenta que son tan bárbaros como aquellos otros a los que pretenden controlar. No olvidemos que Estados Unidos ha sido único país del mundo que ha lanzado bombas nucleares contra población civil, en Hiroshima y Nagasaki, allá por 1945. ¿Hay acto mayor de barbarie?

        A nivel interno, en estos países supuestamente civilizados, se está generando un rechazo hacia el extranjero, y muy en particular hacia el musulmán. La xenofobia y la islamofobia se están convirtiendo en un gran problema, apoyada por algunos intelectuales, como Pim Fortuyn, que han escrito que el Islam es el mayor enemigo del mundo libre. Los extranjeros, son vistos como una amenaza, por lo que piensan que sería conveniente aislarlos o, incluso, expulsarlos. Suponen que contaminan la cultura europea, obviando que todas las culturas que existen en el mundo son mestizas. Es más la cultura está en permanente estado de transformación. De hecho la identidad europea es fruto de múltiples influencias: persas, árabes, celtas y, por supuesto, grecorromanas. La discriminación que sufren los europeos con raíces magrebíes provoca que muchos de ellos, pese a haber nacido en Occidente o ser, incluso, hijos o nietos de occidentales, se vinculen a su identidad originaria, ante el rechazo social. Pero, como afirma Todorov, sus aspiraciones no pasan por imitar a los ayatolas o a los suicidas islámicos sino simplemente conseguir el dinero suficiente para satisfacer su consumismo: unas deportivas de marca o un teléfono móvil de última generación. Es decir, que la agitación social no la provoca el Islam ni los ayatolás sino la rabia y la impotencia de unas personas que se sienten discriminadas y rechazadas en su propio país. No hay nada parecido a ese supuesto choque de civilizaciones. Como escribe Todorov, las civilizaciones no chocan, los que chocan son los intereses económicos y políticos. El Islam es una religión esencialmente pacifista y caritativa, aunque tenga o haya tenido, como el cristianismo, fases más violentas relacionadas con la guerra santa. Confundir o comparar terrorismo con Islam, supone herir la dignidad y el orgullo de los mil millones de musulmanes que viven en el mundo. Y ello, no supone otra cosa que alimentar la confrontación. Por tanto, el remedio a tanta indignación y a la radicalización de algunos grupos de integristas no es religiosa, ni cultural, como afirma Todorov, sino política.

        Para concluir, debemos decir que este libro desmonta a base de argumentos razonados el mito del choque de civilizaciones. Todo un entramado artificial, auspiciado por oscuros intereses de Occidente y, en particular, de los Estados Unidos de América. Desde el momento que práctica la ley del talión, aterrorizando, asesinando y torturando a terroristas, asume que puede ser igual de bárbaro al menos que sus oponentes. Asimismo, presentar a los musulmanes como enemigos peligrosos y violentos supone, además de una falsedad, multiplicar por dos la confrontación y hacer de nuestro planeta un mundo mucho más inseguro y peligroso. Estas páginas, magníficamente redactadas, pueden servirnos para reorientar nuestros posicionamientos y entender mejor nuestra realidad actual. Solo con diálogo y con empatía podremos conseguir un mundo mejor y más seguro para todos.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS