20140618234842-002.jpg

FERNÁNDEZ CHAVES, Manuel F. y Rafael M. PÉREZ GARCÍA: En los márgenes de la ciudad de Dios. Moriscos en Sevilla. Valencia, Universidad, 2009, 532 págs.

 

        Con cierto retraso ha caído en mis manos esta obra sobre los moriscos sevillanos. Su lectura me ha sorprendido gratamente por el profuso y documentado trabajo realizado por sus autores que cubre un verdadero vacío historiográfico. Han escudriñado todos los archivos que disponían de documentación sobre la temática, tanto civiles como eclesiásticos y de todo el ámbito nacional, lo mismo locales, que autonómicos y nacionales. El esfuerzo ha sido titánico a lo largo de casi un lustro, como reconocen los propios autores.

        Aunque pueda parecer una historia local, limitada a una sola urbe, no es tal, primero porque en Sevilla vivía la mayor comunidad conversa de la Península Ibérica, y segundo, porque en realidad se trabaja todo el fenómeno morisco a través de este caso concreto. Salen a relucir moriscos de muchos otros lugares de España, como por ejemplo hornachegos, merced a las relaciones comerciales que mantenían con la capital hispalense.

        Se trata de un estudio metódico que abarca todos los aspectos relacionados con la Sevilla morisca. Empiezan en las primeras páginas haciendo un balance historiográfico, y continúan con el estudio de esta minoría en Sevilla antes y después de la rebelión de 1569, su vida hasta su expulsión y los pormenores de su cadalso hasta el Magreb. La llegada de esclavos granadinos, tras la rebelión de 1569, supuso un antes y un después para la ciudad. Entre 1569 y 1570 localizan los autores un total de 1.511 esclavos de los que 584 son moriscos, es decir, un 38,6%. Algunos habían sido obtenidos en buena guerra pero otros eran personas ajenas a la rebelión que soldados y personas sin escrúpulos capturaron de manera ilegítima. Lo cierto que el contingente de piezas vendidas en Sevilla era muy superior al que se comercializaban en los años anteriores y posteriores. También se concentraron un gran número de rebeldes en Carmona y Écija, localidades que funcionaron, a juicio de los autores, como focos de concentración para una posterior redistribución de los mismos por la geografía peninsular. Y así se hizo pese a la oposición de las élites locales a su salida, siempre necesitada de mano de obra barata. Lo cierto es que el grupo morisco revolucionó el mercado esclavista sevillano. Y es que Sevilla era por aquellas fechas el mayor mercado de esclavos de toda Europa Occidental. El contingente de moriscos en 1580 ascendía a 6.247 de los que una sexta parte aproximadamente estaban sometidos a servidumbre, mientras que en 1589 su número había aumentado hasta un total de 6.406, de los que 408 eran esclavos.

        Su salida, a raíz del bando de expulsión del 12 de enero de 1610, supuso un quebranto económico para la economía local, pues la mayoría de ellos se empleaba en el sector primario, como hortelanos o labradores, y no faltaban artesanos que lo mismo trabajaban en el sector textil que en la construcción o en la forja. Las causas del fatídico decreto fueron variadas: religiosas, políticas, económicas, militares y psicológicas. Según los autores, la Tregua de los Doce Años constituyó un síntoma externo de debilidad para la monarquía de los Habsburgo cuyo chivo expiatorio fueron los moriscos, usados para dar sensación de autoridad o para desviar la atención de otros problemas más graves. Asimismo, la Corona pasaba por serios apuros financieros y necesitaba liquidez inmediata para pagar a sus acreedores por lo que los bienes dejados por los moriscos se convirtieron en un efímero balón de oxígeno.

        Este exhaustivo trabajo contribuye a sacar del olvido a esta minoría injustamente extirpada y expulsada de la sociedad española. Una parte de ellos consiguió integrarse plenamente en la sociedad casticista, poniendo, incluso de moda lo morisco: alfombras, paños alfanjes y camisas moriscas se observan en muchos inventarios incluso de miembros de la aristocracia y hasta de la realeza castellana.

        Y para finalizar, quiero decir que este libro con ser una excelente contribución no agota la temática sino que más bien abre nuevas líneas de investigación y nuevas interrogantes que están todavía por resolver: ¿cuántos se quedaron integrados en la sociedad? ¿Cuántos regresaron tras la expulsión? ¿Cómo fue la integración y disolución de la minoría conversa en la sociedad casticista? No parece que hubiese en Sevilla muchos matrimonios mixtos, pero sí es seguro que un grupo indeterminado de ellos eludieron el exilio. Además, de niños, mujeres, esclavos y enfermos, hubo familias bien integradas que eludieron el control, mientras el marqués de San Germán, encargado de su expulsión, hacía la vista gorda. Pero, como reconocen los propios autores, son problemáticas que deberán estudiarse y despejarse en el futuro.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS