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AMADO, Luis: Los carniceros de la gloria. Sevilla, Editorial Punto Rojo, 2013, 254 págs.

 

        Segunda entrega de la trilogía que el periodista, escritor y pintor está dedicando a la conquista de América, correspondiente en este caso a los hermanos Pizarro y a la conquista del Perú.

        Nuevamente hemos de hablar de una obra divulgativa, donde se traza el hilo conductor de la conquista desde una perspectiva crítica. Palabras como invasión, destrucción, desolación, carnicería, genocidio, barbarie, crimen planificado, torturas, sangre o ambición están presentes a lo largo y ancho de todo el relato. En ese sentido, el autor se aleja bastante de esas historietas rosas de héroes que han arruinado el interés por la literatura sobre la conquista. No se trata de una historia al uso de las que desgraciadamente estamos acostumbrados a leer.

        Tras analizar pausadamente sus páginas, uno termina interiorizando el drama de la conquista, que el autor, en un tono agrio pero certero, califica de verdadera pocilga vestida con ríos de sangre. Esa es la esencia crítica que nos une a Luis Amado y a mí, aunque nuestros lectores sean muy diferentes. Yo trato de documentar aquel drama sangriento que vivieron millones de naturales, y él trata de divulgarlo. Tratándose de un ensayo histórico-literario el autor no tiene la necesidad de documentar necesariamente cada una de las ideas o de los datos que expone. Ello le da un juego formidable que le permite, llegado el caso, reflejar diálogos que acaso nunca ocurrieron. Por ejemplo, habla de un encuentro en el monasterio de La Rábida entre Hernán Cortés y su tío Francisco Pizarro, reflejando un diálogo entre ellos en el que el primero le desveló al segundo la clave para conquistar su imperio: coger al que manda. Por cierto, que esta misma idea es la base del documental, basado precisamente en el guión de Luis Amado y titulado La estrategia del ajedrez que se estrenará próximamente. Es posible que ambos se encontrasen, aunque yo creo que no en La Rábida sino en Sevilla, en enero de 1530, cuando ambos trataban de reembarcarse para Nueva España y Nueva Castilla respectivamente. Asimismo, considero que es probable que mantuviesen una conversación y también que hablasen de la forma en la que el primero había conquistado a los aztecas. Es decir, el encuentro y el diálogo es un recurso imaginativo del autor porque no está documentado pero que entra dentro de lo posible; no sabemos que sucediera pero pudo suceder. Pero, insisto, esa es la libertad y quizás la ventaja que tiene el escritor sobre el historiador.

        Por lo demás, el autor se sitúa dentro de la corriente crítica que encabezó en su día el dominico fray Bartolomé de Las Casas. Tanto admira al afamado protector de los indios que reproduce en Apéndice documental ¡íntegramente! La Brevísima Historia de la Destrucción de las Indias. Una obra esencial en la literatura de la conquista, a la que el lector que lo desee puede acceder sin necesidad de cambiar de libro. La lectura de los textos de Luis Amado y Bartolomé de Las Casas, el crítico del siglo XXI y el del XVI frente a frente, permiten hacernos una idea de lo que significó la conquista del Perú. Una sensación ciertamente agria, pues así fue la historia que se relata y que el autor sintetiza magníficamente en las últimas tres líneas de la contraportada:

 

        Cuando caminé por los senderos de la historia, mis sentimientos tocaron arrebato. Cuánta maldad, y cuánta carencia de sentimientos humanos, en eso se resume la invasión del Nuevo Mundo.

 

        En definitiva, estamos ante un ensayo interesante, crítico, a veces caótico, pero que no dejará indiferente a nadie. Encontramos algunas erratas, pero no dejan de ser una anécdota en la trama general del libro. Una lectura, pues, muy recomendable.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS