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Christian Büschges/ Olaf Kaltmeier/ Sebastián Thies (eds.): Culturas políticas en la región andina. Madrid: Iberoamericana, 2011. 436 páginas.

      Se reúnen un total de dieciocho contribuciones, referentes al área andina en la Edad Contemporánea. De ellas, cuatro analizan la participación ciudadana, otras tantas los actores políticos y los espacios públicos, cinco la participación política del conglomerado indígena, dos la cooperación y los conflictos transnacionales y, finalmente, otras cuatro la cultura, el arte y las pautas alimentarias. La mayoría de las aportaciones se centran en la historia más reciente, es decir en las dos últimas décadas, con algunas excepciones dedicadas a la época decimonónica o a los inicios del siglo pasado. Como puede observarse, las cuestiones tratadas son muy heterogéneas, pero tienen en común el estar circunscritas al espacio andino, con toda la singularidad que le otorgan el territorio y la historia.
      De especial interés son los trabajos que tratan sobre esa innovadora corriente política, liderada por Hugo Chávez, que él mismo ha denominado la V República Bolivariana de Venezuela, y su influjo en otros muchos países, como Ecuador, Bolivia o Brasil. El trabajo de Hans-Jürgen Burchardt, analiza críticamente los avances y atrasos conseguidos por el régimen del carismático líder venezolano, especialmente desde la aprobación de la nueva Constitución, a finales de 1999. La prioridad de este régimen es la universalización de los derechos sociales y el fomento de la participación económica y política de toda la ciudadanía. Y además, con el objetivo final de servir de referente, es decir, de locomotora para otros países que se quieran sumar al movimiento bolivariano. Por su parte, María Pilar García-Guadilla, trata en concreto de los éxitos y frustraciones de la actual democracia participativa venezolana. Logros como la lucha contra la pobreza, la política social y la participación política de la ciudadanía se combinan con aspectos bastante menos positivos, como el clientelismo y el paternalismo político, tan típicos, por otro lado, de la cultura política venezolana en particular y latinoamericana en general. Pese a todo, el régimen chavista constituye una alternativa seria al capitalismo, hasta el punto que algunos lo denominan ya como el socialismo del siglo XXI. Por ello, lo que empezó siendo una aventura aislada y aparentemente pasajera de un militar se ha convertido en una seria opción política para muchos países de su entorno. Los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador están liderando, con resultados dispares, una ruptura con la democracia liberal y con el tradicional monopolio de los altos cargos políticos por parte de la oligarquía.
     La participación política indígena es otra de las grandes temáticas tratadas en este volumen. Marta Irurozqui demuestra que ya en el siglo XIX hubo una cierta partición política del conglomerado indígena, que fue considerado trabajador y, por tanto, ciudadano, aunque a finales de esa centuria se extendiese de nuevo una cierta exclusión. Sin embargo, en la última década del siglo XX, la situación ha vuelto a cambiar. Desde que, en 1991, la nueva Constitución colombiana proclamase el carácter multicultural del Estado, otros muchos países, como Perú, Venezuela, Ecuador y Bolivia han seguido su senda. El caso de Bolivia es especialmente significativo pues, desde 2006, el presidente del gobierno es de ascendencia aymara, siendo el primer indígena que preside un país latinoamericano. Además, ese mismo año coincidió con la promulgación por la ONU de los Derechos de los Pueblos Indígenas, un verdadero hito para este colectivo durante tanto tiempo marginado. Nidia Catherine González analiza un caso muy singular de participación política en Colombia: el del movimiento indígena del proyecto Nasa del norte del Cauca, que busca la autonomía política indígena, y el del proceso constituyente de Mogotes, en el departamento del Santander. Dos iniciativas aisladas, que intentan implementar un modelo alternativo de democracia participativa, pues promueven la inclusión y la participación ciudadana frente al excluyente modelo estatal. Por su parte, Andrea Kramer, Ulrich Müller, Simón Ramírez Voltaire, Almut Schilling-Vacaflor y Bettina Schorr se centran en el examen de distintos casos de participación local también en Bolivia, desde la implantación de la descentralización del país. Los dos primeros tratan el caso del distrito indígena de Kaami, en el Chaco, mientras que el tercero estudia los casos del municipio de Tiquipaya, en el departamento de Cochabamba, y de un barrio de la populosa ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Este último destaca el contraste entre el peso político del movimiento indígena de Tiquipaya frente a la debilidad de los sindicatos indígenas en Santa Cruz. Los dos últimos autores analizan las cuatro organizaciones indígenas más importantes del país demostrando que, pese a que desde fuera se pueda ver como un movimiento unificado, en realidad no forman un bloque monolítico sino que existen tensiones y conflictos entre ellos. Peor aún es el caso de Ecuador donde, según el trabajo de Jonas Wolff, el movimiento indígena sufre un evidente retroceso por la división interna de sus líderes, acentuada deliberadamente por el propio gobierno. Coincide básicamente con lo que afirma Pablo Ospina Peralta, es decir, que el gobierno de Rafael Correa presenta algunas contradicciones pues, por un lado, aprobó en 2008 una constitución que declaraba al Estado como plurinacional, y por el otro, está permitiendo exclusiones de las organizaciones indígenas. Unas contradicciones en la conformación de lo público en las que los medios de comunicación están jugando un papel decisivo, como aclara Marcos Navas Alvear. Pese a este cúmulo de avances y retrocesos, en líneas generales se puede decir que los tradicionalmente excluidos, especialmente los grupos indígenas, son cada vez más visibles en la sociedad actual andina.  
      Varios trabajos analizan las difíciles relaciones y la cooperación, por un lado, entre los distintos Estados andinos, y por el otro, entre los propios grupos indígenas. Así, mientras Hartmut Sangmeister y Alexa Schönstedt insisten en el fracaso de la unificación de Latinoamérica desde los utópicos proyectos de Simón Bolívar, Theodor Rathgeber estudia detenidamente esta cooperación entre distintas organizaciones indígenas, que actualmente tienen la voluntad de hacerse notar en la toma de decisiones de toda la zona.  
      El volumen se cierra con dos interesantes aportes: uno de Thomas Bosshard sobre el impacto de la histórica escuela de Warisata en la actual Ley de Educación boliviana, aprobada durante el mandato de Evo Morales. Y otro de María Dabringer que diserta sobre la coexistencia en Ecuador de la gastronomía globalizada con la tradicional. En un mundo globalizado, donde las grandes cadenas de restaurantes internacionales se abren paso, también subsiste una cultura gastronómica andina que se reivindica como un factor identitario.
     En definitiva, los trabajos recogidos en esta obra constituyen un avance en el entendimiento de un espacio político diverso, singular y cambiante como es el andino. Tradición y globalización, occidentalismo e indigenismo, neoliberalismo y colectivismo son ingredientes que hacen especialmente singular a esta región, preñada de historia y con un presente y un futuro difícil pero a la vez muy esperanzador.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Reseña publicada en Iberoamericana, Nº 47. Berlín, 2012)