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LA CONQUISTA DE AMÉRICA. UNA REVISIÓN CRÍTICA

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ESPINO LÓPEZ, Antonio: La conquista de América. Una revisión crítica. Barcelona, R.B.A., 2013, 407 págs.

 

        El libro se ajusta perfectamente al título y constituye una síntesis crítica y actual de la conquista de América. Una visión de la Conquista acorde con el siglo XXI en el que vivimos. El autor no maneja documentación inédita pero sí que hace una buena síntesis de los principales cronistas y de lo esencial de la bibliografía sobre esa etapa histórica.

        En líneas generales, comparto las tesis del autor y además me parece una síntesis útil. Se sitúa en una línea revisionista de la que fueron pioneros a finales del siglo XX, Miquel Izard y John F. Guilmartin, y que han continuado Bartolomé Clavero, James Anaya, José María Rojas, Tzvetan Todorov y yo mismo. El autor analiza sintéticamente las tácticas de combate de los hispanos, en especial el uso del escuadrón que él bien conoce porque es especialista en historia de la guerra. Y todo eso lo contrapone a las armas indígenas, muy rudimentarias, aunque algunos grupos caribeños disponían de flechas envenenadas muy temidas por los hispanos.

        Insiste, asimismo, en el uso de la violencia y de prácticas aterrorizantes calculadas para someter a la población indígena. Lo mismo aperreaban a los naturales, que los quemaban en la hoguera o les amputaban alguna extremidad, para causar pavor entre los demás. Como dijo John Hemming, ese tipo de práctica era el último recurso psicológico de los españoles. Las traiciones de los naturales o el asesinato de algún español, eran duramente castigados para evitar que estos incrementasen su animosidad. Cada asesinato era vengado con alguna salvajada, quemando en la hoguera, amputando miembros o torturando a un número muy superior. Ya expliqué yo por extenso en mi libro Conquista y destrucción de las Indias (Sevilla, 2009) que era una consigna tácita entre las huestes: cada gota de sangre hispana derramada les costaría a los indios un torrente.

        Sin embargo, discrepo de dos de las tesis fundamentales y originales que defiende el autor a lo largo de todo su libro: primero, afirma que la guerra de conquista fue muy difícil de ganar, oponiéndose a la tesis general, que arranca del propio padre Las Casas, de que la diferencia técnica, táctica y psicológica fue de tal magnitud que se trató de un verdadero paseo triunfal para los hispanos. Y llama la atención que lo diga precisamente el autor de este libro que es especialista en la guerra moderna, sabiendo lo difícil que eran las guerras de Italia y Francia, y las de turco en el Mediterráneo. Yo sigo pensando que el enfrentamiento fue totalmente desigual. ¿Cómo explicar si no la conquista de las Antillas Mayores en unos pocos años por varios cientos de españoles y la práctica extinción de los taínos en menos de treinta años? ¿Fue difícil la conquista de Cuba por Diego Velázquez y su reducida hueste? ¿Y la conquista de la confederación Mexica por Hernán Cortés en dos años? ¿Y la caída del gran imperio de los Incas en menos de tres años, por un puñado de barbudos? ¿Eso parece indicar que fue una guerra muy difícil de ganar? Pues no, en absoluto, varios miles de hispanos conquistaron varios miles de kilómetros cuadrados en poco más de tres décadas. ¿En qué otra conquista de la historia ha habido un proceso tan rápido y por unos tropas tan reducidas? En ninguna, el caso de la conquista de América es en ese sentido único en la historia, no tiene precedentes anteriores ni posteriores. A mi juicio, la conquista fue dramática para el mundo indígena porque fue tan rápida que no tuvieron tiempo suficiente de reacción, aunque intentaron modificar sus tácticas de combate, aprendiendo de los enemigos sobre el terreno. Precisamente, por eso cuando en 1541, Hernán Cortés tomó parte en la desastrosa campaña de Argel los demás militares de graduación se negaron a aceptarlo en el consejo de guerra, mofándose de él: este animal cree que tiene que vérselas con sus indiecitos porque allí bastaban diez hombres a caballo para aniquilar a veinticinco mil. Eso no significa que, en algunos momentos, los españoles sintiesen pavor cuando observaban enfrente a decenas de miles de soldados indígenas. Y en ese sentido, cita el autor a Pedro Pizarro quien confesó que, en Cajamarca, muchos compañeros cuando vieron acercarse a Atahualpa acercarse con un séquito de varias decenas de miles de soldados se orinaron de puro temor.

       Y segundo, resta importancia a la superioridad armamentística hispana, pues a su juicio, dispusieron de muy escasas armas de fuego y de pocos caballos y perros. Y frente a ello, afirma con rotundidad que en realidad, el más importante y decisivo instrumento de la conquista fueron los propios aborígenes. Tampoco comparto semejante afirmación, al menos en los términos en que está expresada. Con pocas armas de fuego o con muchas, la superioridad técnica, táctica y psicológica de los hispanos fue infinitamente superior a la de los amerindios, lo mismo los seminómadas del Amazonas que los que vivían en jefaturas o estados. En varias ocasiones he puesto por escrito que fue algo así como si en la actualidad un ejército con armas nucleares se enfrentara a otro que solo dispusiese de armas convencionales. Por otro lado, le resta cierta importancia al caballo como elemento decisivo, aludiendo a que en algunos momentos dispusieron de muy pocos équidos y que, en otros, el terreno era agreste y fueron de poca utilidad. Yo opino, que no hay que decidir salomónicamente entre uno u otro. Los équidos fueron decisivos en las Antillas y en áreas de Norteamérica donde no fue fácil conseguir indios aliados o guatiaos. En Mesoamérica y sobre todo en el área andina, los indios aliados sí que fueron más decisivos para el éxito, sin menospreciar, por supuesto, la importancia de la caballería. Como afirma el autor, muchas etnias indígenas se equivocaron de aliado, pues, cuando se dieron cuenta que los hispanos eran peores que sus antiguos señores incas o mexicas, era demasiado tarde. Pese a todo, sigo pensando, que desgraciadamente para los amerindios, la conquista fue un dramático, sangriento y rápido paseo triunfal de las huestes.

        En resumidas cuentas, el libro plantea a mi juicio algunas ideas muy discutibles. Sin embargo, en general, se encuentra dentro de la nueva línea revisionista de la Conquista, mucho más ecuánime que la clásica visión apologética a la que estamos acostumbrados. Así que bienvenido este nuevo manual que nos ayuda mucho a los que, como yo, hace años que estamos empeñados en desentrañar el drama de aquella guerra.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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