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RIECHMANN, Jorge: El siglo de la gran prueba. Tenerife, Ediciones de Baile del Sol- Colección Textos del Desorden, 2013, 162 págs.

 

        Curioso e interesante trabajo de Jorge Riechmann, profesor titular de filosofía moral en la Universidad Autónoma de Madrid, además de poeta, ensayista y traductor. Se trata de una recopilación de textos más o menos cortos, editados por el autor en forma de conferencias y artículos a lo largo de 2011 y 2012. No hay un inicio ni un final, sino reflexiones de temas diversos que permiten una lectura bidireccional. Presididas en buena parte por el tono irónico hay sentencias muy fáciles de entender y otras que requieren de dos o tres relecturas seguidas para entender el mensaje subliminar que el autor nos quiere hacer llegar.

        El tema fundamental que subyace en toda la obra es la crítica al capitalismo neoliberal y al relativismo imperante en nuestra época, al tiempo que plantea la necesidad de un cambio. No tiene nada de particular que la primera página del libro arranque con el Manifiesto ecosocialista, redactado en enero de 1992 por un grupo multidisciplinar de intelectuales de distintos países de Europa. Afirma con rotundidad, que el siglo XX fue trágico pero que el XXI lo va a ser multiplicadamente, si no cambiamos la actual e insostenible economía industrial y sociedad consumista. Lo cual no deja de ser trágico, máxime cuando vivimos en una época donde existen mejores condiciones tecnológicas y productivas que nunca para que todos los habitantes de este planeta llevasen una vida razonablemente buena. Pero lo cierto es que no ha sido así y, a su juicio, se trata de una de las grandes promesas incumplidas de la Ilustración y de la modernidad. Pero, la era del crecimiento ilimitado, que trajeron las revoluciones industriales contemporáneas se ha acabado y de no dar un giro radical pronto llegará una nueva Edad Media, idea que no solo predice Riechmann sino otros intelectuales como José David Sacristán, Slavoj Zizek y Juan Pedro Viñuela por citar solo a algunos. Es necesario, pues, cambiar radicalmente ya, pues como bien afirma el autor, el daño a la biosfera es ahora y el momento de la verdad –escribe- es ahora. Las multinacionales y los grandes poderes mundiales, en un acto de estupidez e irracionalidad, están acabando con el lugar en el que operan, es decir, con el propio planeta. Y mientras eso ocurre, algunas autoridades, dice el autor, transmiten la idea de que solo hay dos modelos productivos: el capitalismo existente o el fracasado modelo soviético. Es decir, capitalismo o capitalismo. Y lo peor de todo, es que estos discursos terminan calando en una parte de la población que piensa erróneamente que no hay alternativa. Pero, sí la hay, pero hay que actuar ¡ya! o será demasiado tarde. Si empezamos el cambio podemos paliar en cierta medida el colapso civilizatorio que se avecina y si nos quedamos de brazos cruzados nos sobrevendrá un drama aún mayor que el actual para varios miles de millones de personas. Lo cierto es que, aunque los medios de comunicación occidentales con frecuencia ridiculizan los regímenes antiliberales de Venezuela, Ecuador o Bolivia, a nadie le puede caber la menor duda que, antes o después, en el siglo XXII o en XXIII, en la tierra habrá algún tipo de socialismo, se llame así o no.

        Y para este cambio resulta fundamental modificar la actitud del ser humano. Actualmente, todo gira en torno al consumo como forma principal de satisfacción. Es necesario sustituir esta actitud ante la vida y mirar a la creación como forma de realizarnos: el arte, la poesía, la filosofía… son materias que nos permiten realizarnos personalmente, sin dañar el medio ambiente. Como dice el autor, los centenares de millones de personas que hoy buscan en el consumo un sentido a su vida podrían encontrarlo en el terreno de la creación y de las relaciones con los demás.

        Denuncia, asimismo, la cultura del soborno, de aquella que él llama de suplemento cultural y que está comprada por el poder. Eso provoca que junto a una cultura comprometida e independiente del poder, como la que practica Noam Chomsky o Ignacio Ramonet, haya otra que utilice la cultura como una cortina de humo, como una mera distracción intrascendente que narcotiza al pueblo, mientras la devastación del ecosistema y las desigualdades sociales prosiguen su dramática e imparable carrera. Las mismas multinacionales que asolan el mundo, luego financian lo mismo la conservación de un parque natural que una exposición de algún evento artístico. Una idea que hace años que denunció también Slavoj Zizek, cuando dijo que las personas más ricas del mundo, como los dueños de Zara, Amancio Ortega, o de Microsoft, Bill Gates, lavaban su imagen haciendo donaciones caritativas o a eventos culturales con el mismo dinero manchado del abuso capitalista. Como afirma el autor, la sociedad no se mueve exactamente en el nihilismo o en la carencia de valores, sino en los disvalores o antivalores, en unos valores acomodaticios que se ajustan perfectamente a los intereses del poder. Por eso, Riechmann, en una actitud algo provocativa, incita al lector a elegir: tienes que decidir con quién estás, con la cultura del compromiso o con la cultura prostituida. Más adelante, pide al lector una nueva decisión, el socialismo que pide la satisfacción de las necesidades básicas de todos los ciudadanos y el cultivo de la espiritualidad humana, o el capitalismo, que solo busca la acumulación de capital. Y añade un contundente: Tú decides.

El autor, que más que filósofo y poeta es las dos cosas juntas, filósofo-poeta, destaca las conexiones y similitudes entre estas dos formas de creación que aunque aparentemente diferentes tienen mucho en común. Dice escribir para ayudarse a sí mismo, lo cual, a veces, conlleva ayudar a los demás. Y no le falta razón, pues, todos los que escribimos lo hacemos ante todo por una necesidad vital, en mayor o menor medida egoísta, que, efectivamente, a veces puede servir a otros.

El cambio tiene que empezar ya, y para ello es importante abandonar el pensamiento revolucionario escatológico. Dejar de pensar en el advenimiento casi mítico de un futuro paraíso armonioso que la propiedad colectiva de los medios de producción traería. Para Riechmann es importante cambiar la imagen tradicional de la revolución y de los revolucionarios. Un marxismo sin mitos, sin tentaciones escatológicas y sin milenarismos. Un nuevo socialismo, basado en la búsqueda de los valores interiores de cada uno, de la empatía con el prójimo y de la certeza de pertenecer todos a una misma especie habitante de este maltrecho planeta llamado Tierra. Ahora bien, advierte el autor que no conviene crearse muchas expectativas y así los logros serán un regalo, minimizando el impacto de las decepciones. Una gran verdad, pues, somos muchos los que nos hemos esperanzado con cambios que después no han llegado y hemos caído en un patológico pesimismo que no contribuye a salir del túnel.

Para finalizar, creo que estamos ante un libro bien escrito, de contenido por momentos apasionante y en otras tedioso, pero que contiene algunas perlas que merece la pena, leer, saborear y disfrutar.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS