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MIRA CABALLOS, Esteban: La gran armada colonizadora de Nicolás de Ovando, 1501-1502. Santo Domingo, Academia Dominicana de la Historia, 2014, 460 págs.

 

         El período de gobierno de Nicolás de Ovando me viene interesando desde mis años de estudiante de la licenciatura de Historia de América. Hace ya más de dos décadas llamó poderosamente mi atención este freire a quien se encargó enderezar el rumbo de la fracasada factoría colombina. Siempre me pareció su gobierno, austero, duro, brutal y sangriento, pero también leal y, sobre todo, eficaz, para asentar una colonización que hasta ese momento estaba siendo cuestionada. Y, en especial, me interesé por la gran escuadra de más de treinta navíos que se aprestó en Sevilla desde finales de 1501. El bullicio que presumiblemente generó debió ser verdaderamente espectacular. Dicha flota tuvo una importancia excepcional por varios motivos: primero, porque fue la mayor empresa colonizadora preparada hasta esos momentos por Castilla. Segundo, porque fue la primera aprestada en Sevilla, ciudad que comenzaba a configurarse como la metrópolis del comercio indiano, en detrimento de los puertos onubenses y gaditanos, como se confirmaría solo un año después con la fundación en aquella ciudad de la Casa de la Contratación. Y tercero, porque su organización fue modélica, hasta el punto que se convirtió en punto de referencia para otras posteriores, como la de Diego Colón de 1509 o la de Pedrarias Dávila de 1513.

         Sin embargo, pese a la importancia del acontecimiento y a falta del libro de armada, nos teníamos que conformar con los datos ofrecidos por los principales cronistas. El tiempo pasó, y en el año 1998 apareció un extraordinario estudio sobre la flota de Pedrarias Dávila a Castilla del Oro (1513-1514), publicado por la doctora María del Carmen Mena García. Desde ese momento siempre quise realizar un trabajo similar de la escuadra ovandina, aprestada más de una década antes y con la que guardaba muchos paralelismos, aunque también notables diferencias. Por ello, me parece justo decir que el modelo que he seguido para la realización de este texto ha sido el libro de la armada de Pedrarias. No obstante, he dispuesto de bastante menos información, de ahí que haya numerosos aspectos que, muy a mi pesar, no he podido reconstruir.

         Mi objetivo ha sido recolectar minuciosamente todos los datos fiables que conocemos sobre la escuadra para, a continuación, realizar un análisis detallado de la misma. Es posible que éste sea el único mérito de esta obra, es decir, el de haber recopilado todos los datos que circulaban, la mayoría impresos, en muy distintos ensayos, trabajos de investigación y colecciones documentales. Huelga decir, que el libro puede tener cierto valor mientras no aparezca el libro de armada porque cuando eso ocurra –si ocurre-, su trascendencia será meramente anecdótica, aunque eso sí, sabremos exactamente cuántas de mis hipótesis eran ciertas.

         La elección del título ha sido meditada; hablamos de colonización frente a descubrimiento y conquista porque, por primera vez, la idea era establecer lo que Juan Pérez de Tudela llamó nuevo poblamiento, de ahí que se premiase con pasaje franco a todos los casados que decidiesen llevar consigo a sus familias. No ignoro que algunas armadas anteriores, especialmente la del segundo viaje colombino, también habían tenido pretensiones colonizadoras, pero nunca hasta ahora se había puesto tanto empeño en asentar la colonización. Y asimismo, utilizamos la palabra flota y no armada, aunque en la documentación ambos términos se emplean de manera sinónima. Sin embargo, pese al mantenimiento del nombre de las Flotas de Nueva España, en adelante se usó más el término armada cuando era una formación de carácter estrictamente militar, y flota cuando se trataba de una comercial. Por este motivo, y aunque la diferencia entre armadas y flotas era muy sutil, he preferido usar este último concepto.

         E incluido al final del texto ocho apéndices en los que aparece la información básica sobre la que hemos cimentado nuestro análisis. El primero tiene, a mi juicio, un valor extraordinario ya que es la primera relación alfabética documentada de los pasajeros. Se trata de un listado con cerca de medio millar de personas cuya presencia en la flota es segura o muy probable. Está confeccionada con todo el material documental e impreso disponible hasta la fecha. Hemos excluido de la lista a todo aquel sobre el que teníamos dudas fundamentadas, incluyéndolos en el apéndice II. Los apéndices III, IV y V no tendrían ningún valor si se conservase el libro de armada, hasta el presente extraviado. Se trata de tres extractos que realizaron otros tantos historiadores, de ahí su interés. El apéndice III es una interesante relación que elaboró, en el siglo XVIII, el célebre erudito y archivero Juan Bautista Muñoz y que nos aporta infinidad de detalles sobre los pasajeros y la cargazón. En el apéndice IV, reproducimos otro extracto, en esta ocasión redactado en 1886 por Fernando Belmonte y Clemente, que se centra fundamentalmente en los navíos y en la tripulación. Y finalmente, en el apéndice V, incluimos otro resumen que publicó fray Ángel Ortega O.F.M. sobre los franciscanos que viajaron en la misma y los enseres que llevaban. Las tres minutas son complementarias y suplen en buena medida la ausencia del tantas veces citado –y añorado- libro de armada. En el apéndice VI, presentamos una extensa relación de todos los trabajadores que viajaban con contrato laboral, especificando sus condiciones. En el apéndice VII, reproducimos el registro de la nao Santa Catalina que zarpó del puerto de Santo Domingo en septiembre de 1505. En dicha relación se incluyen los nombres de algunos recién llegados que enviaban a Castilla diversas partidas de oro, algunas muy cuantiosas. Y finalmente, en el apéndice VIII, elaboramos un listado fiable de aquellas personas que permanecieron en la isla, retornaron a la Península o marcharon a otros lugares. En base a este registro, ofrecemos algunas reflexiones en el texto.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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