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LA ESTRATEGIA DEL TERROR EN LA GUERRA DE CONQUISTA

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ROJAS, José María: La estrategia del terror en la guerra de conquista, 1492-1552. Medellín, Hombre Nuevo Editores, 2011, 165 págs.

 

        Interesante libro del sociólogo colombiano José María Rojas en el que se aborda la Conquista desde una nueva perspectiva así como sus consecuencias en la América Contemporánea. Comparto totalmente la línea argumental del autor, tal y como defendí en mi libro Conquista y destrucción de las Indias (Sevilla, 2009), y me parecen oportunos los términos que utiliza, evitando eufemismos de la época todavía usados en la actualidad como rescate, pacificación o evangelización. En la conquista se cometieron todo tipo de atrocidades y hubo una política sistemática y premeditada de terror, necesaria para que un puñado de conquistadores sometiera a millones de aborígenes a lo largo y ancho del continente americano. Por eso hubo matanzas ejemplarizantes, como las de Anacaona, Moctezuma, Atahualpa y otros cientos –quizás miles- de caciques y reyezuelos locales que mostraron resistencia al invasor. Aperreamientos, mutilaciones y quemas en la hoguera fueron moneda de cambo habitual en todo el proceso. Como afirma el autor, la cruz de una iglesia intransigente, inquisitorial, y el estado casticista se unieron para someter a sangre y fuego varios millones de kilómetros cuadrados. Y todo ello porque al tratarse de empresas privadas, en las que cada adelantado o conquistador capitulaba y financiaba su campaña, existía una necesidad perentoria de rentabilizarla por cualquier medio. Por las buenas o por las malas los conquistadores necesitaban obtener oro y esclavos. Si no había causa justa para la guerra, bastaba con provocarlos para que todo tipo de matanzas y rapiñas quedasen bendecidas.

Sin embargo, se aprecia que el autor no es especialista en la época y que además su documentación es magra, pues tan solo enumera diecisiete referencias bibliográficas entre cronistas y obras contemporáneas. Ello provoca que salten al texto algunos errores e imprecisiones. Así, por ejemplo afirma que el testamento de Isabel La Católica fue redactado por sus consejeros, cosa que no parece nada probable. Asimismo afirma que fueron expulsados de España entre 160.000 y dos millones de judíos, cifra sobre todo la última totalmente descartada. También afirma que Hernán Cortés se llevó en 1519 los últimos indios de Cuba, hecho totalmente incierto, o que Francisco Pizarro murió octogenario cuando es bien sabido que en el momento de su asesinato era sólo sexagenario.

Sin ninguna duda, la parte más brillante del libro es el último capítulo, dieciséis páginas en las que el autor aborda una aproximación al conflicto desde la contemporaneidad. Aquí sí que se aprecia la capacidad de análisis de un sociólogo que ha trabajado temas relacionados con la clase obrera y la minoría indígena en la Edad Contemporánea. La conquista creo unas relaciones asimétricas entre vencedores y vencidos que la oligarquía criolla se encargó de reproducir miméticamente en la Edad Contemporánea. En el siglo XX, dictaduras militares, apoyadas precisamente por esta oligarquía y bendecidas por Estados Unidos, se encargaron de mantener el status quo. Estos regímenes reprimieron todas las libertades individuales y cometieron impunemente miles de asesinatos, con la excusa de evitar el totalitarismo comunista. Y con ese razonamiento, Estados Unidos ha apoyado a personajes siniestros como Sadam Hussein, Bin Ladem o al propio Gadafi. Tras la caída de la URSS, y sobre todo desde 2001, el nuevo enemigo es el terrorismo internacional, y con la excusa de atajarlo realiza guerras preventivas y práctica cuando lo cree necesario todo tipo de violaciones de los derechos humanos. Los nuevos conquistadores son las grandes multinacionales que campan a sus anchas en países como Colombia, apoyadas por Estados Unidos y por el capitalismo internacional. Actualmente, mantiene al estado colombiano prácticamente intervenido con la excusa de luchar contra el narcotráfico o contra la insurgencia de la guerrilla. Un conflicto que dura ya más de medio siglo, que ha dejado miles de muertos y, lo que es peor una sociedad mafiosa. Y el Estado, con la excusa de luchar contra las mafias, con el beneplácito del Imperio, practica una guerra sucia en la que las víctimas son con frecuencia campesinos, sindicalistas, maestros, líderes comunales o ideólogos de izquierda. Grupos paramilitares, con la complacencia del ejército y de la policía, realizan razias en las que asesinan, sin mediar palabra, a personas simplemente sospechosas de simpatizar con la insurgencia.

La historia de Colombia en los últimos cinco siglos, ha dejado un interminable reguero de muertos en el camino. Primero los conquistadores, luego la oligarquía criolla y actualmente las injerencias del Imperio se han encargado de la destrucción del país. Este libro pretende contribuir a la concienciación ciudadana que permita la emancipación sociopolítica no solo de Colombia sino también de toda Latinoamérica.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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