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LA POBREZA DE CLÍO

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BOLDIZZONI, Francesco: La pobreza de Clío. Crisis y renovación en el estudio de la historia. Barcelona, Crítica, 2013, 350 págs.

 

        En apariencia el libro se debería referir a la crisis de la ciencia histórica y las propuestas para superarla. Así se especifica incluso en la sinopsis de la contraportada, mientras que en el prefacio su autor confiesa que su objetivo ha sido el de un historiador preocupado por evangelizar a los economistas. Sin embargo, más bien parece que su objetivo real ha sido el inverso, es decir, el de un economista preocupado por evangelizar a los historiadores. Básicamente, el libro vuelve a incidir en el viejo enfrentamiento en el seno de la historia económica entre los partidarios de llevar la cuantificación hasta sus últimas consecuencias y los que no. Entre los primeros están la corriente cuantitativa que, a mediados del siglo pasado, lideró S. Kuznets, y la New Economic History –también llamada actualmente cliometría- que poco después encabezaron economistas como Conrad y Meyer, Fislow y R. W. Fogel. La escuela cliométrica, aunque cuenta con pocos adeptos, tiene una gran influencia en la historiografía anglosajona y amenaza también con ganar terreno en la europea.

        El autor atribuye la crisis actual de la historia a los historiadores historicistas que formularon una historia narrativa acorde con la ideología neoliberal y que, por tanto, no daban respuestas a los problemas de hoy. Y no le falta razón, sólo que hay más responsables, entre otros los economistas historiadores de la escuela cuantitativa que redujeron la historia a flujos económicos, haciendo extrapolaciones poco fiables. Tampoco contribuyeron al buen nombre de la historia los miembros de la escuela cliométrica cuando plantearon una historia contrafactual, utilizando hipótesis alternativas que no llevaban a ningún sitio. No tiene ningún sentido plantearse hipótesis contrafactuales: ¿cómo hubiese sido el curso de la historia Antigua si Aníbal hubiese conquistado Roma? ¿qué hubiese pasado si Hitler hubiese ganado la II Guerra Mundial?, etc. Evidentemente la historia hubiese sido otra, pero no podemos saber cómo, sencillamente porque no disponemos de herramientas para ello. Por tanto, la historia que plantea la cliometría es, de acuerdo con E. P. Thompson, totalmente inútil e improductiva. Además, en el fondo, cometen el error de tratar de compatibilizar el pasado con la economía neoliberal. Lo cierto es que la situación crítica en la que se encuentra la historia actualmente no se debe sólo a la insolvencia del método historicista sino también al fracaso de las escuelas cuantitativas y cliométrica. .

Dado que hay historiadores insatisfechos y economistas discrepantes, está claro que urge una solución alternativa que dé nuevas herramientas de análisis del pasado. Para evitar contaminaciones ideológicas el autor afirma que se ha esforzado en buscar una cierta neutralidad. Pero como suele ocurrir, el resultado final es un trabajo raro, mal definido ideológicamente, donde con mucha tibieza se critican los excesos del neoliberalismo y de las escuelas económicas cuantitativas. No obstante, y pese a su precaución por no implicarse ideológicamente, el autor está más próximo a una lectura neoliberal que supuestamente critica que a una interpretación progresista de la historia. La solución que plantea no es otra que el uso de los últimos avances en la historia económica. Enfoques muldimensionales del desarrollo de la economía que contribuyan a renovarla. Sin embargo, este planteamiento solo puede ser una solución para la historia económica no para la ciencia histórica en su globalidad. Y es que la historia es mucho más que eso, pues está condicionada y protagonizada por individuos y sociedades en las que la cultura, la ideología y las mentalidades condicionan la actividad humana. A mi juicio, hay corrientes historiográficas que han supuesto un aporte impagable a la historiografía, como la Escuela Anales que en su día supuso una verdadera revolución, o la escuela marxista, entre otras. El aporte a la historia económica de Karl Marx y sus discípulos ha sido notabilísimo, pese al silenciamiento que se hace de él en esta obra, pues su autor considera que eso pertenece ya al pasado. Asimismo, el profesor Boldizzoni insiste en que es necesario superar el relativismo que supone que estemos continuamente reescribiendo la historia para adecuarnos a los problemas del presente. Y en apoyo de ello, dice algo tan reaccionario como que el buen conocimiento de la historiografía tiene la acción beneficiosa de disminuir en gran medida las pretensiones de innovación de los profesionales actuales. Como si la innovación no fuese en realidad una necesidad perentoria. Yo creo precisamente lo contrario, es decir, que el buen conocimiento de la historiografía nos puede ayudar a innovar el método y el conocimiento del pasado desde nuestro presente. De hecho, la historia solo tiene valor si trata de proporcionarnos respuestas a los problemas de nuestro tiempo, es decir, si es historia del pasado-presente. No podemos olvidar que la historia, como quería Antonio Gramsci, es una disciplina que se refiere a todos los hombres del mundo en cuanto se unen entre sí en sociedades y trabajan, luchan y se mejoran a sí mismos. Los individuos responden a un entorno social, pero son en menor o mayor grado responsables de sus actos, no son una mera unión de moléculas egoístas que determinan sus acciones. Por eso, es impensable que la historia económica por sí sola pueda constituir una metodología global para la complejidad de la ciencia histórica.

  El análisis del profesor Boldizzoni puede ser brillante, no lo dudo, pero simple y llanamente no se ajusta al contenido del título, lo que no deja de ser una decepción para el lector que espera otra cosa entre sus páginas. Acierta de pleno en sus críticas a la corriente cliométrica, al tiempo que introduce sugerencias metodológicas atractivas sobre la historia económica. De hecho, su libro acaba con una especie de manifiesto en el que establece cinco recomendaciones para la renovación de la historia económica: fidelidad a las fuentes primarias, contextualización histórica, relación con otras disciplinas, uso adecuado de las técnicas cuantitativas y la puesta en práctica de una metodología inductiva. Sin embargo, apenas dedica unas páginas a las innovaciones metodológicas que en el último medio siglo han aportado la historia social, la antropología y la sociología. Acaso, la unión de esfuerzos de todas estas disciplinas así como los crecientes aportes de la historiografía de los países emergentes mejoren la creatividad y la credibilidad de nuestra querida ciencia histórica.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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