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TRANSFORMAR EL MUNDO. REVOLUCIONES BURGUESAS Y REVOLUCIÓN SOCIAL

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DAVIDSON, Neil: Transformar el mundo. Revoluciones burguesas y revolución social. Barcelona, Pasado& Presente, 2013, 956 págs.

 

        El nuevo libro del profesor de Sociología de la Universidad de Strathclyde, Glasgow (Escocia), Neil Davidson, constituye una auténtica obra maestra, fruto de una reflexión de varias décadas, como afirma en el prólogo Josep Fontana. Un estudio de casi mil páginas en el que se desentraña todo lo relativo a la teoría y a la praxis de la revolución en la Historia. Pese a su extensión, el texto se lee con relativa facilidad por estar bien redactado y por el uso de una terminología asequible al lector medio.

        Se traza un extenso y largo recorrido por la historia de las revoluciones, en un sentido amplio, desde la inglesa, en el siglo XVII, pasando por la holandesa, estadounidense, la francesa, la rusa y la china, hasta llegar a la actualidad. Y se hace a través de los hechos pero también de los distintos autores de filosofía política, desde el siglo XVII a nuestros días. Dada la extensión de la obra, nos limitaremos a resumir las principales conclusiones a las que he llegado después de su lectura.

        En sus páginas, no solo encontramos un recorrido histórico por todos los hitos históricos sino que, además, poseen un componente ideológico, pues demuestran el verdadero espíritu social de aquellas revoluciones burguesas. Tradicionalmente se habían segregado totalmente las revoluciones burguesas y las proletarias. Sin embargo, el autor del libro demuestra que unas y otras formaron parte de una misma cadena revolucionaria, en pro de la libertad y de la justicia social. Dos objetivos revolucionarios iniciales que los burgueses tuvieron el mérito de poner en la agenda, aunque finalmente no se materializaran. Pero ese es el espíritu ético de la llamada Era de la Revolución, desde 1789 hasta la Primavera de los Pueblos de 1848, que terminaron cambiando el mundo. Ahora bien, es importante destacar dos matices: uno, el liberalismo clásico y el capitalismo económico no tenían nada de democráticos. Estos valores se incorporaron mucho después, más como consecuencia de la presión del movimiento obrero que de la evolución ideológica de la propia burguesía. Y otro, sí habrá que agradecerles que, pese a la larga lucha, pusieran de relieve que la revolución puede ser una opción ganadora. El triunfo de las revoluciones burguesas desmonta la tesis conservadora de que todas las revoluciones acaban fracasando. Está claro que sin lucha no hay progreso y se puede triunfar si hay unas movilizaciones masivas y una adecuada dirección. Igual que el capitalismo derrotó al feudalismo, el socialismo puede derrotar al capitalismo.

        En la parte central del libro se abordan las revoluciones proletarias, nacidas como respuestas al fracaso socializador de las revoluciones burguesas. Empieza analizando con detalle la rusa de 1917, que debió haber sido la última revolución burguesa y la primera proletaria. Muchos pusieron sus esperanzas en que fuera el inicio de una nueva oleada revolucionaria que transformara de nuevo el mundo en la búsqueda de una sociedad mejor, más igualitaria y justa. Pero desgraciadamente, acabaron en un régimen burocratizado de signo totalitario, dando al traste con el sueño de la revolución. La china comunista que era otra de las esperanzas ha dado un giro neoliberal que ha sembrado el desaliento hasta el punto de que, como indica Josep Fontana, muchos piensan que no hay nada fuera del capitalismo. Y finalmente, la transición de Cuba desde el comunismo al capitalismo intervenido, ha dado al traste con una de las últimas esperanzas de los que todavía soñaban con la igualdad y la justicia social.

        Sin embargo, como han defendido por separado Eric Hobsbawm, Josep Fontana y el propio Neil Davidson, el espíritu del socialismo es hoy en día más necesario que nunca para hacer desaparecer las amenazas de hambre, epidemias, catástrofe ecológica y guerra que amenazan todo el orbe, incluido a los propios países occidentales. Solo con sus ideas de justicia social podremos limitar el daño medioambiental y humanitario que está provocando el capitalismo por todos los rincones del mundo. Será cuestión de analizar los errores cometidos en el pasado, para abrir nuevas vías que permitan la viabilidad de un sistema económico y social alternativo al capitalismo. Probablemente, el paso de un estado capitalista a uno socialista provocaría a corto plazo un decrecimiento económico y del mercado. Pero es una incógnita ya que no disponemos de experiencias previas. Y es que nunca se ha producido una secuencia larga de un estado proletario, salvo en cortos períodos de tiempo, en la URSS de 1922 a 1928, en España en 1936-1937, Hungría en 1956, etc. Brotes revolucionarios en el siglo XXI, como los de la primavera árabe, que han conseguido derrocar gobiernos estables, han demostrado una vez más que sigue existiendo actualmente una gran potencialidad revolucionaria que solo hay que saber canalizar.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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