20151212234027-003.jpg

RODRÍGUEZ PÉREZ, Yolanda, SÁNCHEZ JIMÉNEZ, Antonio y BOER, Harm den (Eds.): España ante sus críticos: las claves de la Leyenda Negra. Madrid, Iberoamericana, 2015, ISBN: 978-84-8489-906-8, 275 págs.

 

         La historiografía sobre la Leyenda Negra cuenta ya con una amplísima producción bibliográfica, desde los pioneros estudios de Julián Juderías, pasando por los de Rómulo Carbia, Philip W. Powell, Esteban Calle Iturrino, Miguel Molina, Ricardo García Cárcel, Miguel Ángel García Olmo, Jesús Villanueva, entre otros muchos. Ésta fue todo un alegato contra la primera potencia imperial del momento, para lo cual se exageraron todos los aspectos negativos, acusándola de mantener una política expansiva. Los españoles eran objeto de los peores calificativos: crueles, bárbaros, iletrados, moros, judíos, marranos, lascivos, vanidosos, falsos, entre otras lindezas. Pilares de esa leyenda fueron la Inquisición, los vicios personales de Felipe II, la crueldad innata de los hispanos y sus deseos de dominar el orbe. Obviamente, los argumentos no son más que clichés falsos, pensados como oposición al dominio de la primera potencia mundial de la época.

        Este libro supone una puesta al día, un estado de la cuestión, al tiempo que se aportan nuevas reflexiones, nuevos perfiles de esa leyenda, aún poco explorados. Se trata de un total de once aportes, diez redactados en castellano y uno en inglés, firmados por profesores de distintas universidades europeas y americanas.

        El primero de los trabajos, firmado por Antonio Sánchez Jiménez, es un estado de la cuestión en el que se analiza la ingente bibliografía, destacando el alto grado de politización de los mismos. Muy interesante es el aporte del profesor Jesús María Usunáriz que se ocupa de la respuesta que la intelectualidad y el poder monárquico dio a estos ataques para tratar de contrarrestarlos. A veces tenemos la impresión de que España no respondió a la hispanofobia. Sin embargo, no solo se leyó la literatura antiespañola sino que fueron pertinentemente replicados, e, ocasiones de forma airada. Guillermo de Orange atacó a Felipe II y a los españoles, pero los autores españoles lo tildaron a él de traidor, hereje, ambicioso, alevoso, tirano, usurpador, forajido, cruel, etc. Ejemplos como el del fraile Pedro Cornejo, autor de Antiapología, solo un año después de la publicación de la Apología de Guillermo de Orange, es muy clarificador al respecto. Es cierto que no hubo una respuesta orquestada u organizada, es decir, que no hubo nada parecido a un Ministerio de la Propaganda, como tuvieron los nazis, pero no lo es menos que entre los propios auspiciadores de la Leyenda Negra, según demostró en su día Ricardo García Cárcel, tampoco la hubo.

        Por su parte, Santiago López Moreda aclara que los orígenes de la Leyenda Negra son muy anteriores a la época del padre fray Bartolomé de Las Casas o a la fecha de la publicación de la Apología de Guillermo de Orange. En realidad, comenzó a forjarse en Italia, como respuesta a la animadversión que estos sentían por la presencia de aragoneses en su tierra. Llaman la atención los calificativos que el papa Bonifacio VIII dedica especialmente a los catalanes de los que dice que ninguno era de fiar y que no eran personas de bien. Después la Leyenda se extendió a los territorios de expansión de la monarquía: América, Flandes y Portugal.

Concretamente, en Portugal, el prior de Crato, aspirante al trono luso, auspició dicha leyenda, colocando a Felipe II como un vulgar usurpador, exactamente igual que Guillermo de Orange hacía en el caso flamenco. Desde su exilio en Francia, Crato mantuvo sus aspiraciones al trono de Portugal, lanzando periódicamente soflamas contra la tiranía y crueldad del peor de los monarcas, Felipe II. Pero la leyenda no se limitó a los territorios americano, flamenco y portugués. El Dr. Juan Luis González analiza el caso del desdichado príncipe don Carlos, hijo de Felipe II y de Isabel de Portugal. Había quedado huérfano de madre a los pocos días de nacer y fue un niño enfermizo. En enero de 1568, cuando tenía veintitrés años, y tras verificarse que sus dolencias físicas y mentales no tenían solución, fue encerrado por orden de su padre, en una de las torres del alcázar de Madrid. Y ello, porque el monarca interpretó que había que retirarlo de la vida pública y de cualquier posibilidad de gobierno. Murió entre esas cuatro paredes varios meses después. Los sucesos fueron llevados a cabo por el monarca con el máximo secretismo, lo que no impidió que se convirtiera en una de las novelizaciones de la Leyenda Negra. Cómo no, Guillermo de Orange, se encargó de afirmar que el padre había asesinado al hijo.

        El caso del escritor calabrés Tomasso Campanella es singular porque pasó de ser en su juventud un apologista de la Monarquía a un detractor en los últimos años de su vida. Actuó así por intereses personales, al principio defendió que España había recibido la tarea divina de defender el catolicismo en el mundo, y ello con la intención de que se le indultase por su intento de sedición. Sin embargo, cuando ya no le interesó congraciarse, desveló su verdadero pensamiento, atribuyendo a los españoles casi todos los estereotipos de la Leyenda Negra: avariciosos, crueles, libidinosos, perezosos, etc.

        Eric Griffin analiza un conjunto de panfletos antihispánicos que se publicaron en Inglaterra para impedir el acercamiento entre ese país y España, durante los últimos años del reinado de Jacobo I. Por su parte, Carmen Sanz Ayán estudia los panfletos que se editaron en Génova, un aliado tradicional del Imperio de los Habsburgo. La coalición se basaba en beneficios mutuos, pues España disponía de la flota ligur y, a cambio, los genoveses comerciaban libremente en el Imperio Hispánico y obtenían grandes ganancias como prestamistas de la monarquía. Sin embargo, no faltaron los detractores de esta alianza que practicaron una literatura de oposición, usando los tópicos clásicos de la Leyenda Negra: crueles, lujuriosos, avariciosos, etc.

        Y el último aporte, firmado por Harm den Boer, analiza el papel que tuvieron los exiliados españoles en la forja de la literatura antiespañola. De especial relevancia fueron los textos de los protestantes expatriados, así como de los judeoconversos, que vieron en estas soflamas una buena oportunidad para vengarse.

        La Leyenda Negra muestra el odio que muchos europeos sentían hacia España que interpretaban era su máximo rival político. Ahora bien, como ha escrito Barbara Fuchs, en el fondo también subyace el reconocimiento explícito de esa superioridad hispánica e implícito de una cierta admiración por su modelo cultural. El tema sigue teniendo plena vigencia y este libro incorpora los últimos aportes sobre la materia, al tiempo que aporta nuevas líneas de trabajo en las que seguir profundizando en los próximos años.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS