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HAY ALTERNATIVAS. PROPUESTAS PARA CREAR EMPLEO Y BIENESTAR SOCIAL EN ESPAÑA

NAVARRO, Vicenç, Juan TORRES LÓPEZ y Alberto GARZÓN ESPINOSA: Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España. Madrid, Ediciones Sequitur, 2011, 225 pp.

    En esta magnífica y clarividente obra se nos presenta un estudio muy completo sobre el origen de la crisis, el fracaso de las medidas neoliberales de austeridad y las posibles alternativas. Los autores son tres economistas que se mueven en una línea de pensamiento alternativo, muy cercana a las reivindicaciones del Movimiento 15M. No obstante, huelga decir que no cuestionan el capitalismo como modelo global, sino que buscan su mejoramiento, situándose en el polo opuesto de las tesis neoliberales y defendiendo una fuerte intervención estatal.
    En el prólogo, Noam Chomsky comienza hablando de la tendencia mundial a la  polarización social. Es decir, hay una minoría que está concentrando la riqueza y el poder mientras que el grueso de la población se empobrece. Una realidad que, si ningún cambio radical lo impide, se irá acentuando progresivamente en las próximas décadas.
    El detonante de la crisis fue la crisis financiera iniciada en 2008 por la banca estadounidense, que no tardó en extenderse a todo el mundo. Ello provocó, a su vez, el cierre del grifo del crédito, con la consiguiente caída de la actividad económica, lo que  redujo drásticamente la recaudación estatal y multiplicó el déficit. En el caso particular de España, todo esto se ha visto agravado por unas condiciones particulares, como el endeudamiento previo del Estado y de las familias, así como la burbuja inmobiliaria. La coincidencia de la crisis financiera mundial, con los problemas intrínsecos del país, le ha colocado al borde del abismo. Lo que algunos han denominado terrorismo financiero de los mercados, amenaza con arruinar a España y repartirse sus despojos. La Unión Europea se tambalea.   
    Ante esta situación, la respuesta de los países desarrollados, sometidos a la dictadura de los mercados, ha sido emprender una política de ajustes económicos, consistentes básicamente en la reducción de los salarios públicos y privados y en una disminución considerable del gasto social. Lo cual está provocando, a corto plazo, un aumento de la tasa de población que vive en el umbral de la pobreza y una reducción del poder adquisitivo de las clases medias. De hecho, los autores aportan un dato demoledor: 1.400 personas en España acaparan el 80,5% del PIB nacional. Es decir, el 0,0034% de la población acumulan más de cuatro quintas partes de la riqueza. Y lo peor de todo, es que las recetas neoliberales sólo van a conseguir acentuar aún más esta brecha social. La competitividad no aumentará bajando los salarios. De hecho, en España son más bajos que en los países ricos de la Unión Europea y no por ello el país es más competitivo. Es posible mejorar la competencia bajando precios de venta y no los salarios.
      A nivel mundial, la situación es aún más catastrófica, hay 2.400 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza, y la cifra tiende a aumentar por el descenso acusado de la ayuda de los países desarrollados al llamado Tercer Mundo.
      El objetivo final de este libro es demostrar que hay alternativas mucho más justas y eficientes para salir de la crisis. De hecho, citan a grandes economistas, como Joseph Stiglitz o Paul Krugman, que se oponen a los planes de austeridad porque, según ellos, no harán otra cosa que prolongar durante años la recesión económica, agravando los padecimientos de la clase trabajadora.
       Como alternativa a la política económica neoliberal, los autores presentan más de un centenar de propuestas de toda índole, unas aplicables a España y otras al mundo. En ellas se reivindica desde una democracia participativa a una redistribución de la riqueza a nivel mundial y una economía al servicio de las personas y no de los poderes fácticos. Nosotros hemos agrupado algunas de ellas en cinco grandes bloques, que a mi juicio son las más importantes:
     Una, el fortalecimiento del mercado interno, mejorando el poder adquisitivo de los trabajadores. Se trata justo de lo contrario que se está haciendo, es decir, de estimular moderadamente la economía, evitando las políticas radicales de austeridad, aplicadas por el gobierno actual, que están agudizando la crisis y provocando el aumento del paro.
     Dos, el desarrollo de nuevos sistemas productivos, alternativos al inmobiliario, invirtiendo en energías alternativas, innovación, nuevas tecnologías, cultura, ocio, creación, reciclaje, ecología, agricultura, servicios sociales… En definitiva, un cambio radical del modelo productivo.
     Tres, la reforma del sistema bancario, que a juicio de los autores, se ha demostrado poco fiable. Debe crearse una banca más ética, vigilada de cerca por los organismos internacionales, y en la que se depuren las responsabilidades cada vez que se produzcan abusos. También proponen nacionalizar las Cajas de Ahorros.
      Cuatro, financiar suficientemente el sector público. El problema de España no es el funcionariado que, desde un punto de vista cuantitativo, es inferior al de otros países de nuestro entorno. Así, mientras en España solo el 9% de los trabajadores son funcionarios, en los países más desarrollados de Europa superan el 20%. Las cifras ponen al descubierto el mito de que España es un país de funcionarios.
      Y cinco, atajar la economía sumergida, que supone casi la cuarta parte del P.I.B. y que no contribuye al desarrollo del estado del bienestar.
       El libro tiene un enorme valor, pues pone al descubierto, con datos objetivos, las grandes mentiras del neoliberalismo, y además plantea soluciones concretas con las que mejorar la situación de España y del mundo. Sin embargo, pese a lo que pueda parecer, se trata de medidas que sólo buscan reformar el capitalismo. A mi juicio, ya puestos a soñar, habría que dar un paso más allá y crear un nuevo sistema que no se base en la acumulación de riqueza, en el capital y en la libre competencia. De hecho, el nuevo capitalismo que plantean los autores de este libro, presenta dos graves deficiencias:
      Primera, pretende aumentar el nivel de renta de la población, incrementando el consumo y de paso favoreciendo el crecimiento. Pero, precisamente el consumo y el crecimiento insostenible son dos de las lacras más importantes de nuestro tiempo. No podemos seguir consumiendo en los niveles actuales.
      Y segunda, prácticamente omiten el problema del agotamiento de las energías fósiles lo que provocará un aumento generalizado del precio de los alimentos. Todo ello nos llevará, en pocas décadas, como vaticinó Ramón Fernández Durán, a un colapso del capitalismo con dramáticas consecuencias para la humanidad.
      Por ello, a mi juicio, no basta con reformar el capitalismo sino que urge plantear un nuevo sistema que parta de una revolución ética, y que auspicie la austeridad como forma de vida, el consumo responsable de los recursos del planeta, el respeto por el medio ambiente y la redistribución global y local de la riqueza. Sólo así podremos sentar las bases de un mundo mejor para todos, compatible con el entorno en el que vivimos.


ESTEBAN MIRA CABALLOS

EL PERIPLO DE LA RAZÓN

MANZANERA SALAVERT, Miguel: El periplo de la razón. El racionalismo musulmán en la Edad Media. Sevilla, Fénix Editora, 2011. ISBN: 978-84-939261-4-4, 263 pp.

            Este libro aborda uno de los grandes mitos de la historia: la creencia generalizada de que el pensamiento racional tiene su origen en el mundo grecolatino, sin conexión alguna con las grandes civilizaciones medievales. El Renacimiento, uno de los grandes hitos de la Historia –eso es indudable- se nos presenta como un renacer de la sabiduría clásica, olvidada durante la oscura época medieval. En esta premisa falsa, se sustenta todo el pensamiento eurocentrista y la supuesta superioridad indoeuropea.

            A mí siempre me pareció sospechosamente falsa la idea de que el Renacimiento saltara diez siglos atrás para beber directamente de las fuentes antiguas. Realmente, lo que hizo fue tomarla de la sabiduría islámica y judía que habían mantenido vivo durante siglos el racionalismo. Como afirma el autor del libro, la gran revolución científica del Renacimiento no se puede explicar sin las aportaciones de la ciencia islámica, especialmente entre los siglos VII y XII de nuestra era.

            Sin embargo, la exclusión de la ciencia islámica y judía de los orígenes del racionalismo occidental no fue casual, sino que supuso un intento –logrado por cierto- de falsear conscientemente la Historia para fundamentar la superioridad de Occidente. Ese ha sido uno de los pilares del llamado choque de civilizaciones, utilizando los términos de Samuel P. Huntington.      

            El gran merito de la obra del profesor Manzanera consiste en haber demostrado, con un análisis minucioso, que la conexión entre el racionalismo renacentista y el antiguo se hizo a través de la sabiduría judía y, sobre todo, islámica. De esta forma, se le otorga la importancia vital que tuvo el islam y, muy particularmente, la brillante civilización de Al-Andalus, en la configuración del racionalismo moderno y contemporáneo.  

            La dialéctica, es decir, el diálogo entre distintos puntos de vista, surgió en la Grecia clásica, donde además se desarrollaron avances científicos en áreas como la lógica, la política, la metafísica, la ética o la biología. Todos estos conocimientos, junto a la razón misma, se extendieron durante la época helenística, cuando Alejandro Magno creó un efímero imperio que se extendía desde Egipto al río Indo. Por tanto, fue entonces cuando todo ese saber clásico se extendió por una buena parte de las civilizaciones mediterráneas. La Biblioteca de Alejandría es un buen ejemplo de ese saber, con epicentro en el norte de África y en oriente próximo. Unos siglos después, fue Al-Andalus la que experimentó un extraordinario desarrollo no sólo agrícola y artesanal sino también científico. Y es que en esos territorios la ciencia aristotélica se perpetuó durante siglos. Los sabios musulmanes bebieron directamente de las fuentes clásicas, dando un nuevo impulso científico en materias muy variadas como la filosofía, la astronomía, la geografía, la medicina, las matemáticas, la biología, la lógica, etc. Como bien demuestra Miguel Manzanera, el pensamiento racional no sólo no se perdió en el medievo –como sostiene la historiografía tradicional- sino que al menos en el Mediterráneo oriental aumentó considerablemente su acervo.

             El Islam contribuyó de manera decisiva en esa expansión del racionalismo, dado el ambiente de tolerancia que vivió en sus primeros siglos. De hecho, se trató de una herejía tolerante, que no tuvo dificultades para extenderse por territorios donde la población estaba harta de la rigidez dogmática del cristianismo. No olvidemos que el cristianismo, que había nacido como una religión revolucionaria que defendía el amor al prójimo, no tardó en alejarse en la praxis de estos ideales para convertirse en una institución de poder. Eso fue aprovechado por el Islam que permitía –y contra lo que pueda pensarse, todavía permite- una mayor libertad de conciencia, al menos en cuestiones dogmáticas. Ello creó un caldo de cultivo idóneo para el desarrollo del pensamiento y de la investigación científica, especialmente hasta el siglo X o XII d. C. Desde esa fecha, también en el seno del Islam se generó una gran intransigencia, probablemente provocada por la lucha feroz con el cristianismo, que terminó afectando al racionalismo. Sobrevivió en Al-Andalus, pero ese enorme saber desapareció en parte con la Reconquista, que supuso una verdadera tragedia en términos científicos y culturales. No olvidemos las quemas de libros decretadas por orden del cardenal Cisneros a principios del siglo XVI, así como las persecuciones y expulsiones de judíos primero y de musulmanes. 

            El libro, en definitiva, otorga un papel destacado a los filósofos, pensadores y científicos, no sólo islámicos, sino también judíos e, incluso, chinos e hindúes. El Renacimiento bebió directamente de ellos, por lo que es oportuno decir que el racionalismo actual es heredero no sólo del pensamiento grecolatino sino también de la cultura oriental, especialmente de la islámica. Dicho de otra forma, el Renacimiento fue posible gracias a la asimilación del saber oriental por parte de occidente. La sabiduría islámica actuó de puente entre el racionalismo grecolatino y el moderno.

            A mi juicio estamos ante un gran libro, pues desmonta uno de los grandes mitos de la cultura occidental. La Historia se ha construido durante siglos en base a mitos y creo que es hora ya, en pleno siglo XXI, de desmontarlos y de conocer la verdad.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LA QUIEBRA DEL CAPITALISMO GLOBAL



Fernández Durán, Ramón: La quiebra del Capitalismo Global: 2000-2030. Preparándonos para el comienzo del colapso de la Civilización Industrial. Madrid, Editorial Virus, 2011, 123 págs.

            Nueva entrega de Ramón Fernández que anuncia ser la introducción de un proyecto mucho más amplio que verá la luz en un futuro. El panorama que presenta es verdaderamente apocalíptico pues, de alguna forma, lo que viene a decirnos es que la cuenta atrás para la desaparición del Capitalismo Global actual ha comenzado y culminará a mediados de este presente siglo. Y lo peor de todo es que los argumentos sobre los que fundamenta sus funestas previsiones son bastante creíbles.

            Desde la I Revolución Industrial, el desarrollo se ha sustentado sobre el consumo de energías fósiles, primero el carbón y, después, el petróleo y el gas. Las perspectivas son que en los próximos años su consumo aumente considerablemente, por la industrialización de los nuevos países emergentes. Es decir el consumo aumentará mientras que las reservas serán cada vez menores, por lo que llegará un momento en que se producirá un colapso energético. En varias décadas el petróleo comenzará a escasear y poco después el gas natural –del que quedan algunas reservas más- y el carbón. La carestía provocará una escalada en los precios de los combustibles que provocará graves desajustes, especialmente en aquellos países que no cuentan con recursos propios. Y como afirma el autor, no existe un plan B, ya que las energías alternativas no podrán compensar, ni muchísimo menos, la capacidad energética de los recursos fósiles. Esta vez, la crisis energética no será coyuntural sino estructural, debido a su propio agotamiento.

A partir del año 2030 nos podemos encontrar con un mundo superpoblado, con más de 8.000 millones de habitantes, un ecosistema profundamente alterado, un cambio climático en plena vorágine y un capitalismo industrial en quiebra por falta de fuentes de energía baratas. Ello provocará a su vez un crecimiento generalizado del precio de los alimentos, que por otro lado ya ha comenzado, así como la escasez cada vez mayor de agua dulce de calidad. Crisis energética, cambio climático, colapso ecológico, derrumbe del sistema capitalista, hambrunas y migraciones a gran escala serán, si nada ni nadie lo remedia, inevitables. Además, es posible que en medio de la crisis del capitalismo puedan surgir regímenes totalitarios y que la democracia vaya perdiendo terreno progresivamente. Así, pues, la quiebra del capitalismo no llegará tanto de la mano de la revolución proletaria, como previera Karl Marx, sino fruto del agotamiento de las fuentes de energía fósiles y de sus consecuencias.

            ¿Afectará a todo el mundo? Pues en líneas generales sí, aunque, como reconoce el autor, perturbará mucho más a las tradicionales regiones industriales y a los países emergentes que a las áreas más atrasadas o aquellas en las que la población indígena vive al margen del consumismo capitalista.

            Y finalmente, ¿hay algún motivo para la esperanza? En principio el cambio tranquilo parece difícil, entre otras cosas porque una buena parte de la población, sobre todo en Occidente, está desmovilizada. A su vez, los medios de comunicación, aunque masivos en la actualidad y fácilmente accesibles, muestran la información sesgada y totalmente manipulada, ante la indiferencia de la mayoría. Asimismo, existe una fe ciega en la tecnociencia, es decir, la creencia de que la tecnología solucionará todos los problemas del presente y del futuro. Será duro para la actual juventud que, salvo excepciones, está inmersa en un mundo hedonista e insolidario. Sin embargo, no podemos perder la esperanza, que es la llama que ha mantenido viva a la humanidad. Con total seguridad, tras la dramática y dolorosa transformación del mundo, que dejará miles de cadáveres en el camino, surgirá una sociedad más respetuosa con el medio ambiente, más justa y más solidaria. Como indica Ramón Fernández, la ilusión en que otro mundo es posible nos debe iluminar el camino. Mientras eso ocurre, no podemos quedarnos de brazos cruzados, debemos seguir luchando para que las mejoras sociales del siglo XX no sólo no se desmantelen sino que se extiendan a todo el mundo.

             Para acabar, solo me queda felicitar al autor por un análisis tan exacto como revelador. De nuestra toma de conciencia depende que el cambio sea más o menos traumático. Suerte a todos.

                                                                                                                              ESTEBAN MIRA CABALLOS

CÓMO CAMBIAR EL MUNDO

Hobsbawm, Eric: Cómo cambiar el mundo. Marx y el marxismo 1840-2011. Barcelona, Crítica, 2011, 490 pp.

 

Este libro es fruto de una compilación de trabajos presentados por el autor a lo largo de varias décadas, unidos a otros nuevos. Empieza con un novedoso ensayo sobre Marx en la actualidad en el que pone de manifiesto la necesidad que tenemos ahora más que nunca de observar el espíritu marxista. Como dice Hobsbawm, Karl Marx nunca ocupó altos cargos políticos, administrativos ni docentes. Incluso, su obra despertó poco interés en un primer momento, siendo su éxito póstumo. Actualmente, la obra de Marx puede considerarse la obra más influyente en toda la Edad Contemporánea. Lo que nos descubre el autor en este ensayo es que el filósofo alemán no sólo ha sido un pensador para el siglo XX sino también, y muy especialmente, para el XXI. Así, por ejemplo, si ponemos su nombre en cualquier buscador encontramos un número de entradas tan abismal que solamente es superado por dos personajes: Einstein y Darwin.

Eric Hobsbawm, uno de los historiadores más destacados de nuestro tiempo, ha militado a lo largo de toda su vida intelectual en el marxismo. Pese a ello, no reivindica la conversión del mundo a esta ideología sino simplemente el uso del espíritu de Marx para intentar crear un mundo mejor. Concretamente afirma sabiamente que para que haya alguna posibilidad de éxito ante los retos a los que se enfrenta actualmente el mundo deberán plantearse las preguntas formuladas por Marx, aunque no se quieran aceptar las respuestas que dieron sus discípulos. Para colmo, siempre habíamos pensado que Marx se equivocó cuando predijo el fin del capitalismo por sus propias crisis internas y por los conflictos sociales a los que daría lugar. Sin embargo, él no estableció plazos, por lo que todavía, viendo la crisis tan severa en la que se encuentra inmerso el capitalismo, no podemos descartar que finalmente tuviese también razón en esta predicción. Como dice el propio Hobsbawm, el fin del capitalismo fue una predicción marxista que todavía le suena plausible. Y es que el capitalismo siempre ha generado grandes desigualdades entre ricos y pobres así como crisis periódicas. Sin embargo, la actual no parece una crisis más sino el inicio de la quiebra de un sistema que lleva implícita su propia autodestrucción. No olvidemos que se basa en una falacia, es decir, el consumo ilimitado, cuando los recursos del planeta son limitados. El progresivo agotamiento de los recursos en las próximas décadas va a generar guerras, luchas y dramas a escala planetaria que, antes o después, pueden acabar con el sistema. Por ello, de acuerdo con el autor, no nos equivocamos, cuando decimos que el pensamiento de Marx es hoy en día más necesario que nunca.

Si la aplicación práctica del marxismo ha fracasado se ha debido en gran parte a la desvirtuación que hicieron algunos regímenes totalitarios de izquierda del pensamiento marxiano. Marx apenas concretó nada sobre la forma en que habría de planificarse la economía por lo que prácticas como los planes quinquenales, en los que se plantearon la consecución de ciertos objetivos de desarrollo a cualquier precio, no tuvieron nada de marxistas. La revolución rusa ha sido uno de los pocos intentos serios de organizar una economía marxista. Sin embargo, personajes siniestros como Stalin, acabaron con el sueño revolucionario de millones de obreros que antaño soñaron con un mundo comunista que los redimiera de sus miserias. Todos ellos, han perdido desde entonces lo único que les quedaba, es decir, la esperanza.

En el periodo comprendido entre 1983 y el 2000, el marxismo estuvo en franca recesión, afectado por la caída de la URSS y del muro de Berlín así como por el aparente éxito del sistema capitalista. Como reconoce el autor, el desmoronamiento de la URSS, del único país que intentó seriamente reconstruir una sociedad socialista, afectó no sólo a los comunistas sino incluso a la socialdemocracia. Todo el mundo pensó que el capitalismo había triunfado definitivamente sobre el modelo socialista. La profunda crisis del capitalismo de los últimos años ha vuelto a colocar al pensamiento marxista donde debe estar. Y en ese sentido las palabras del profesor Hobsbawn no pueden ser más claras: una vez más, ha llegado la hora de tomarse en serio a Marx.

Finalmente, decir que esta obra nos invita a reflexionar sobre la necesidad de releer a Marx, quien todavía en pleno siglo XXI nos puede ofrecer algunas de las claves necesarias para superar la grave crisis sistémica en la que estamos inmersos. Antes o después, el capitalismo se autodestruirá y, cuando esto ocurra, será necesario tener muy presente las ideas de justicia social planteadas por el gran filósofo alemán.

 

Esteban Mira Caballos

PENSAMIENTOS CONTRA EL PODER

VIÑUELA RODRÍGUEZ, Juan Pedro: Pensamientos contra el poder. Villafranca de los Barros, Imprenta Rayego, 2010. I.S.B.N.: 978-84-693-5372-11

 

           Nueva entrega del profesor villafranqués Juan Pedro Viñuela. La estructura de este ensayo es original adoptando la forma de diario de clase, curso 2009-2010. Ello le permite afrontar decenas de ideas que fueron surgiendo en el devenir diario. Incluye reflexiones relacionadas sobre temas de actualidad que fueron surgiendo así como comentarios sobre libros y lecturas que fue leyendo. Para mí, el gran valor de esta obra consiste en su lucha contra la mentira y la hipocresía, proceda de quien proceda. Se trata de uno de los pocos intelectuales actuales a los que no se les nota ninguna afiliación política concreta. Su crítica no se dirige contra un partido político ni contra una tendencia ideológica sino contra el poder, lo ostente quien lo ostente. Ese es el verdadero trabajo intelectual del filósofo como afirma el autor, lo que a veces lleva aparejado un pernicioso aislamiento intelectual.

            Los temas tratados son tantos y tan variados que sería imposible ni tan siquiera relacionarlos en estas pocas líneas. Por ello, me centraré en algunos de los que me han llamado más la atención. Dedica decenas de páginas al análisis de la crisis económica actual, trascendiendo incluso a sus posibles soluciones. Interesantes son sus apuestas en torno al ecosocialismo. Para él la única salida para evitar una catástrofe no muy lejana es, por un lado, el decrecimiento sostenible y, por el otro, la redistribución. Estoy totalmente de acuerdo con el autor cuando delata que el actual capitalismo neoliberal nos está llevando a un callejón sin salida, es decir, a una mayor desigualdad en el mundo y al agotamiento de los recursos. Es obvio que el actual consumismo ilimitado es un modelo insostenible que nos terminará pasando factura.

            Otra de las grandes ideas del libro es la del relativismo cultural en la que el autor abunda en varias ocasiones. Existe la idea generalizada que las personas somos libres para decir y hacer lo que queramos. Pero esto no es más que un tremendo error: no todo tiene el mismo valor epistemológico. Hay actuaciones y opiniones no sólo equivocadas sino también peligrosas y, por tanto, como indica el autor, deben ser combatidas. No podemos olvidar que nuestra libertad individual acaba donde empieza la libertad del prójimo.

            La política, los políticos y los peligros que acechan a la democracia actual son otros temas largamente analizados en el libro. El autor lanza duros ataques a la política que a su juicio lleva implícita la corrupción y a los políticos cuyo principal objetivo no es el bien público sino alcanzar a toda costa el poder. Unos políticos que no viven para la política sino de la política. Censura a todos los gobernantes, lo mismo de derechas que de esa izquierda que él llama light, con capacidad para acceder al poder.

De gran interés son sus reiterados comentarios sobre el sistema educativo y la pérdida de la virtud y la excelencia que a su juicio han sido sustituidos por el concepto unitario de la mediocridad. Según el autor, educación para todos no significa devaluación de los contenidos como ha ocurrido lo que unido a la falta de autoridad del profesor provoca un verdadero caos educativo. Aunque su argumento es básicamente cierto, sostengo cierta discrepancia, pues, a mi juicio tanto la LOGSE como las leyes educativas posteriores, pese a que en algunos aspectos pueden ser mejoradas, supusieron un salto adelante en la democratización de la enseñanza. Todavía recuerdo el elitismo de los años setenta donde los más desfavorecidos tenían muy escasas posibilidades de acceder al sistema educativo. Actualmente, aunque muchos jóvenes lo desaprovechen, nos queda la tranquilidad de que todos, tengan el origen social que tengan, pueden acceder sin dificultad a una educación de más o menos calidad. Se trata de uno de los grandes sueños de algunos pensadores y políticos del primer tercio del siglo XX que se ha visto, por fin, cumplido.

Pese a tanta lacra, el profesor Viñuela se muestra relativamente optimista. A su juicio, aunque actuaremos tarde, el propio agotamiento del planeta así como la inviabilidad del capitalismo y del liberalismo nos llevarán a un cambio forzoso. Una profunda transformación que finalmente hará triunfar los viejos valores ilustrados, incluyendo el más olvidado de todos, la fraternidad. El autor defiende el cosmopolitismo frente al nacionalismo pues este último siempre lleva implícito la exclusión. Todas las personas somos iguales en dignidad y todos tenemos los mismos derechos sobre el planeta en el que vivimos. A fin de cuentas el hombre no es ningún protagonista destacado del universo sino un ser vivo más. El universo existía antes que nosotros apareciéramos y seguirá existiendo después de nuestra extinción que, antes o después, llegará.

            A mi modo de ver, esta obra presenta un conglomerado de ideas de la máxima actualidad que nos puede ayudar a entender los principales problemas de nuestro mundo. Una reflexión brillante aunque también valiente y arriesgada porque sus críticas alcanzan a todos los poderes fácticos, tanto a la Iglesia como al Estado. Sin embargo, como diría su autor, cueste lo que cueste y pese a quien pese, todo pensamiento debe ir frente a la verdad absoluta impuesta desde el poder.

Esteban Mira Caballos

1Esta reseña se ha publicado en la revista Ars et Sapientia (Cáceres, 2010)