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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2011.

EL ESCULTOR E IMAGINERO FRANCISCO FERNÁNDEZ BUIZA

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MARTÍNEZ LEAL, Pedro Ignacio: El escultor e imaginero Francisco Fernández Buiza. Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 2000, ISBN:84-8093-045-4, 363 págs., il.

Doce años después de que el autor presentara este trabajo como su Tesis de Licenciatura en la Universidad de Sevilla, obteniendo la máxima calificación de Sobresaliente por Unanimidad, en un tribunal formado por valiosos especialistas, ve la luz por fin este esperado libro.

Su aparición ha llenado de satisfacción a los estudiosos del arte y de las cofradías de toda Andalucía donde tan prolífico su quehacer artístico. Un orgullo tanto m s grande para el que suscribe estas líneas en tanto en cuanto Paco Buiza se sintió siempre ante todo carmonense, muy a pesar de que durante una buena parte de su vida vivió en la capital hispalense. Sin duda, las circunstancias de la Posguerra le obligaron a marcharse a vivir a Sevilla, concretamente al barrio de la Feria. Pero, pese a las circunstancias, jamás perdió el amor por su ciudad natal ni, por su puesto, su profunda devoción a la Virgen de Gracia, patrona de Carmona.

La obra se distribuye inteligentemente en una introducción y cuatro grandes partes, a saber: biografía, taller, estilo y catálogo de obras. En la biografía desgrana con sumo detalle y esmero cada uno de los aspecto de su vida. En la lectura de estas líneas se percibe claramente la implicación del autor en la vida del recordado escultor y de su familia mucho más allá del mero trabajo de investigación. En este sentido el trabajo de Martínez Leal es envidiable. Como no podía ser de otra forma destaca de manera notable su vinculación con la ciudad de Carmona, y su relación -no siempre fácil- con ésta. De origen humilde, estudio algunos años en el antiguo colegio salesiano de Carmona, para trabajar desde corta edad en distintos oficios, como pastor, jornalero y hasta panadero. Una vez en Sevilla estudio modelado en la Escuela de Artes y Oficios y trabajó de ceramista en distintos talleres hasta que conoció al que sería su maestro Sebastián Santos Rojas. Hasta 1954 no tuvo su taller propio, desde el que realizó su prolífica labor artística.

Se incide asimismo en ese fatídico accidente de motocicleta, ocurrido en 1962, que tanto marcó no solo su aspecto físico sino también su carácter desde entonces mucho m s seco y desconfiado. Incluso las circunstancias concretas de su fallecimiento en 1983 son desgranadas con el rigor de un historiador pero también con el detalle de un periodista.

Sus clientes eran fundamentalmente instituciones religiosas, iglesias y sobre todo hermandades, pues, su producción, aunque cuenta con obras profanas, es sobre todo de carácter devota. Su trabajo para las hermandades andaluzas fue muy prolífico hasta el punto que pasan del medio centenar las efigies salidas de su taller que procesionan en la Semana Santa Andaluza. Auténticas obras emblemáticas dentro de la imaginería andaluza que sería imposible mencionar todas aquí de las que, no obstante, son buena muestra el misterio del Santo Entierro de la hermandad del mismo nombre de Carmona, el Cristo Yacente de Coria del Río, el Crucificado de la Sangre de la Hermandad de San Benito de Sevilla, el Cristo de la Columna de la hermandad de las Cigarreras, el Cristo de la Agonía de la iglesia de San Julián de Málaga, entre un largo etcétera. Sin olvidar tampoco una iconografía muy querida por él, la del Niño Jesús, así como sus innumerables Vírgenes, como la de la Santísima Trinidad de la parroquia de Santa Cruz de Cádiz o la de la O de la hermandad de los Gitanos, donde presenta esas mujeres maduras, guapas y, como dice Martínez Leal, también sufridas.

Realmente fue Buiza un autor polifacético que realizó todo tipo de iconografías religiosas y profanas, restauró imágenes como el Crucificado de la hermandad de la Amargura de Carmona, realizó numerosas canastillas. En ellas labró como nadie los querubines y angelotes, siendo, como afirma el autor del libro, el "escultor de los ángeles", y en ese aspecto destacó sobre otros grandes decoradores de pasos de su época.

No solo trabajó una gran variedad de iconografías sino también utilizó muy diversos materiales como el barro, muy especialmente el pino y excepcionalmente el marfil.

Buiza puede considerarse como el último gran escultor barroco de Sevilla. Sus obras recuerdan a los grandes escultores del siglo de oro sevillano desde Martínez Montañés a Duque Cornejo, pasando por Alonso Cano y por Juan de Mesa.

En el extenso catálogo de obras que aparece en la última parte del libro se detallan, por iconografías, cada una de las obras identificadas del imaginero carmonense. Es de destacar la modestia del autor al titular dicha parte como "catálogo provisional", cuando incluye cientos de obras, algunas de ellas ubicadas en lugares tan recónditos como el crucificado de la capilla del cortijo de Martín Juan, en los confines de la vega de Carmona. El catálogo es pues extenso y muy completo pese a que es posible citar algunas obras muy específicas que no aparecen en él como una Virgen del Carmen de la capilla del colegio "El Tomillar" de Badajoz. Detalles sin importancia que el mismo Martínez Leal previó y que en absoluto empañan la labor realizada por este investigador sevillano.

Mi más sincera enhorabuena al autor por deleitarnos con una obra que es, desde el mismo momento de su aparición, de lectura obligada para todos los interesados en la historia de las cofradías, de las advocaciones religiosas y de la imaginería andaluza.

 

Esteban Mira Caballos

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Caballos y équidos españoles en la conquista y colonización de América

RÍO MORENO, Justo Lucas: Caballos y équidos españoles en la conquista y colonización de América (siglo XVI). Sevilla, Gráficas del Guadalquivir, 1992.
    
    Esta obra posee un doble interés ya que, por un lado, es extremadamente rigurosa, haciendo interesantes aportes al mundo americanista y, por el otro, lo suficientemente amena como para interesar a un amplio abanico de aficionados al mundo ganadero en general y caballar en particular.
    En lo que concierne al caballo, se insiste en la importancia que tuvo como elemento de conquista, hasta el punto de señalar que los indios preferían matar antes a un caballo que a cinco españoles. El análisis amplia esa línea clásica de investigación del équido como elemento de conquista, tratando ahora inéditas cuestiones sociales, económicas y técnicas, como la doma, las razas y la monta.
    El équido aparece reflejado como uno de los más claros símbolos de la primitiva sociedad hispanoamericana. Se ahonda en todo lo que supuso la tenencia de un rocín a la hora de otorgar repartimientos de tierras e indios y su importancia para dotar a su poseedor de un alto status social. Hasta tal punto fue valioso este animal en la primera sociedad de la conquista que, como bien explica el autor, la peor afrenta que se le podía hacer a un caballero era cortarle la cola a su caballo.
    A la par, queda analizado el comercio y el lucro económico que generó en principio para la élite dominicana la crianza de estos animales en los primeros años de la colonización. Según puso de manifiesto el propio Justo del Río, el caballo en Tierra Firme, en torno a 1521 o 1522, llegó a cotizarse entre 120 y 190 indios, loo que supone cifras verdaderamente elevadas.
    Más valiosas aún son las aportaciones que se hacen en relación al ganado asnar y mular, pues se pone de relieve la importancia de estos en el avance de la conquista y colonización de las Indias. Estios animales llegaron a La Española en la primera década del siglo XVI, aliviando al indio a quien sustituyó en el porteo, en aquellas áreas donde fue posible.
    En resumidas cuentas, podemos decir que estamos frente a una obra que es ya hoy, un instrumento básico para el conocimiento de la ganadería equina en la decimosexta centuria y que, sin duda, con el paso de los años, se convertirá en un manual clásico.
                            Esteban Mira Caballos

Reseña publicada en la revista Ecos del Instituto de Historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, año II, Nº 3, Santo Domingo 1994, p. 242. 


EL INDIO ANTILLANO: REPARTIMIENTO, ENCOMIENDA Y ESCLAVITUD.

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MIRA CABALLOS, Esteban: El indio antillano: repartimiento, encomienda y esclavitud (1492-1542). Sevilla, Muñoz Moya editor, 1997, 448 p.

    Con el ropaje característico de una tesis doctoral, dirigida por el Dr. Adolfo Luis González Rodríguez, que la prologa, se ha publicado en Sevilla este libro de gran pretensión, como es el de estudiar las relaciones entre los conquistadores y sus conquistados durante el primer medio siglo de historia antillana. Sus parámetros están bien cogidos, pues abarca una región y un período significativo, cosa poco frecuente (ahora, no antes) en los historiadores españoles que afrontan el estudio del caribe, que suelen escoger rocambolescamente una isla y un período de medio o de un siglo, rebanando artificialmente de la Historia, para hilvanarnos la documentación que sobre ambos, isla y siglo, existe en el Archivo General de Indias. Las Antillas son indudablemente una región preñada de elementos homogéneos a lo largo del proceso colonial, y más aun en el de su formación. En cuanto al período escogido está igualmente bien seleccionado, pues va desde el descubrimiento en las islas hasta las Leyes Nuevas que marcan el final del trabajo de la esclavitud indígena legal, y real para esta zona, donde fue relevado por la esclavitud negra. También nos parecen adecuadas las fuentes documentales, aunque algo parcas las de los archivos matritenses y vallisoletano, que se han utilizado y citado, pero no en profundidad. La selección de las numerosas fuentes documentales impresas adolece en cambio de falta de aparato crítico, algo que también se ha hecho muy someramente con la bibliografía. Los apéndices documentales son muy valiosos.
    El tratamiento del tema se ha realizado en tres partes, con arreglo a un esquema muy académico, pero perfectamente válido, como son las de la población, los repartimientos y encomiendas, y la esclavitud y resistencia indígenas. El método es descriptivo, pero a través de la narración abundan refrenados comentarios críticos que permiten adivinar un historiador inconformista y analítico de calado, que no ha podido desprenderse de la moderación y ponderación impuestos por el academicismo universitario. Particularmente se observa en la tercera parte, la relativa esclavitud del indio donde nos ha dejado muchas sugerencias, y no ha sido poca la de tratar la esclavitud americana en España, donde siempre ha sido un tema de, llamémosle, poco gusto, en el que se han adentrado muy pocos. De peor gusto es hablar del descenso poblacional indígena, como hace Mora objetivamente, acusando de ello al sistema laboral y más concretamente a la encomienda, aunque concediendo al academicismo la incidencia en el mismo del bajo desarrollo cultural indígena y una dieta alimenticia baja en proteínas.
    Entre los aspectos más sobresalientes del libro de Mira destacan un intento de cuantificación de la población esclava africana llegada a las Antillas, los abusos de los encomenderos que explotaban a sus encomendados haciendo caso omiso de lo que la Corona ordenaba y sin una decidida oposición de la Iglesia, y la sangría indígena producida por las armadas de rescate. Es por esto que se trata de un libro muy útil para quienes estudiamos la Historia de América desde abajo y desde arriba, contrastándola, que adivinamos en Mira un compañero de fecundos trabajos futuros.

                        Prof. Dr. D. Manuel Lucena Salmoral

Publicada en la revista Estudios de Historia Social y Económica de América Nº 15, Universidad de Alcalá de Henares 1997, pp. 449-450

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