MIRA CABALLOS, Esteban: Hernán Cortés. El fin de una leyenda. Cáceres, Palacio de los Barrantes Cervantes, 2010, 589 pp.

       Escribir una nueva biografía de Hernán Cortés es una tarea difícil, principalmente por la cantidad de textos que se han escrito sobre él, en particular la última obra monumental de Juan Miralles. Lo que Mira Caballos propone, como innovación dentro del género es hacer una biografía heterodoxa, rompiendo con las líneas habituales de pensamiento: Yo pretendo desmitificar al conquistados, presentándolo no como un héroe no como un villano, sino como lo que realmente fue, es decir, como un hombre de su época (p. 11). El autor se centra en los períodos de su vida que han permanecido más oscuros, en particular aquéllos transcurridos en España. Adopta un formato, según sus palabras, lo más accesible posible, como un ensayo, renunciando a una parte del aparato crítico dentro del texto, aunque citándolo completo en la bibliografía. Sin embargo, a pesar de su deseo de escribir un texto ameno para un público amplio, muchos de los capítulos (por ejemplo los tres primeros o el capítulo V) discuten la bibliografía existente de forma muy detallista, como si hubieran sido pensados como un diálogo con especialistas.

        El trabajo muestra, como lo señala el autor en la introducción, un largo y minucioso trabajo de investigación en diferentes archivos y un gran manejo de las fuentes primarias. Poco más de la mitad de las páginas (323) se dedican a la biografía, mientras que el resto es información organizada de los compañeros de viajes de Cortés, algunas transcripciones de documentos, fotografías de fuentes, cronología y otros datos. La presentación de la obra (el papel, la edición) ha sido muy cuidada y es de gran calidad, incluyendo las fotos que se reproducen.

       El autor propone salir del esquema maniqueo que ha estado siempre rondando la historiografía cortesiana, que lo califica de héroe o de villano, insertándolo en lo que fue su tiempo, principalmente a partir del recurso de la comparación con otros conquistadores como Cristóbal Colón o Francisco Pizarro. La construcción que el autor hace del conquistador, sin embargo, no se limita al período histórico analizado sino que alude también a otros actores como algunos políticos actuales (Felipe González, Bill Clinton y Nicolás Sarkozy) o a conquistadores de tiempos anteriores (Alejandro Magno, Julio César), así como a los que podrían ser los contramodelos (Jesucristo, Gandhi, Luther King).

      En la práctica, el que parece haber sido el camino seguido por Mira Caballos para escapar al esquema maniqueo fue exponer sin censuras lo que él considera las virtudes y los defectos de Cortés, lo bueno y lo malo de su obra. El juicio del autor sobre el conquistador y su obra, sin embargo, está presente en muchas partes del libro, interfiriendo con su deseo de objetividad. Sobre este punto nos extenderemos en los siguientes párrafos.

      Uno de los argumentos clásicos de la leyenda rosa que a esta altura, desde mi punto de vista, resulta difícil de sostener, es el de la gesta de un grupo de valerosos españoles que pudieron conquistar prácticamente solos dos gigantescos imperios de guerreros, como el mexica o el incaico. El autor conoce muy bien la bibliografía y, de hecho, menciona el apoyo de los tlaxcaltecas, totalmente decisivos a la hora de inclinar la balanza de la guerra a su favor (p. 51). Sin embargo, el discurso que predomina en el texto es el de la admiración por ese puñado de valientes que logró dominar a Moctezuma a partir de su superioridad en armas y estrategias: si las diferencias técnicas eran abismales, no lo eran menos las tácticas, donde la ingenuidad de los amerindios se hacía más evidente. Los españoles estaban acostumbrados a luchar contra los árabes, los berberiscos, los turcos y los europeos, todos ellos con unas tácticas de combate muy desarrolladas (p. 182). De día o de noche los españoles eran infinitamente superiores y la derrota era inevitable (p. 201). El relato no logra articular el papel decisivo de los tlaxcaltecas con la supuesta superioridad española, que es la que predomina, ya que los indígenas aparecen muy desdibujados y pasivos en esta historia. El autor, podría decir, y de hecho lo advierte en su introducción que no es su objetivo reescribir la historia de la conquista, pero el relato de la acción de Cortés en ese momento sienta posición y se aleja de la pretendida objetividad histórica. Como le ocurre a muchos historiadores, el autor se ve envuelto en la vida de Cortés: es difícil escapar a la fascinación que ejercen algunos de estos protagonistas de la historia y eso no necesariamente tiene que ser un problema, salvo que se lo califique de objetividad y verdad.

        Resulta difícil sostener actualmente, a partir de los avances que hubo en la historiografía y en el análisis del discurso que la objetividad se logra, por ejemplo, exponiendo por igual los defectos y las virtudes de los actores históricos, entendiendo que la perspectiva del autor se puede neutralizar a partir de la exposición sin censura de lo que dicen los documentos como portadores de la verdad. Éste es el punto más débil de la obra. Por cierto, el autor puede tener una perspectiva diferente sobre el tema, pero creo que no se puede ignorar la discusión que hubo en las ciencias sociales aunque sea para sentar una posición contraria.

        Como síntesis se puede decir que los aportes sustanciales del libro se centran en los años vividos por Cortés en España, aporrtes que estimamos serán muy apreciados por los especialistas. El costado débil es el de la falta de integración de los debates recientes sobre el papel de los indígenas en la conquista (enunciados pero no incorporados al relato realmente) y la omisión de los debates acerca de la verdad histórica que encierran las fuentes, como si no fueran ellas mismas discursos.

 

RAQUEL GIL MONTERO (Instituto Superior de Estudios Sociales CONICET-Universidad Nacional de Tucumán, Argentina)

Reseña publicada en Iberoamericana Nºº 46. Berlín, 2012, pp. 261-262.