Fernández Durán, Ramón: La quiebra del Capitalismo Global: 2000-2030. Preparándonos para el comienzo del colapso de la Civilización Industrial. Madrid, Editorial Virus, 2011, 123 págs.

            Nueva entrega de Ramón Fernández que anuncia ser la introducción de un proyecto mucho más amplio que verá la luz en un futuro. El panorama que presenta es verdaderamente apocalíptico pues, de alguna forma, lo que viene a decirnos es que la cuenta atrás para la desaparición del Capitalismo Global actual ha comenzado y culminará a mediados de este presente siglo. Y lo peor de todo es que los argumentos sobre los que fundamenta sus funestas previsiones son bastante creíbles.

            Desde la I Revolución Industrial, el desarrollo se ha sustentado sobre el consumo de energías fósiles, primero el carbón y, después, el petróleo y el gas. Las perspectivas son que en los próximos años su consumo aumente considerablemente, por la industrialización de los nuevos países emergentes. Es decir el consumo aumentará mientras que las reservas serán cada vez menores, por lo que llegará un momento en que se producirá un colapso energético. En varias décadas el petróleo comenzará a escasear y poco después el gas natural –del que quedan algunas reservas más- y el carbón. La carestía provocará una escalada en los precios de los combustibles que provocará graves desajustes, especialmente en aquellos países que no cuentan con recursos propios. Y como afirma el autor, no existe un plan B, ya que las energías alternativas no podrán compensar, ni muchísimo menos, la capacidad energética de los recursos fósiles. Esta vez, la crisis energética no será coyuntural sino estructural, debido a su propio agotamiento.

A partir del año 2030 nos podemos encontrar con un mundo superpoblado, con más de 8.000 millones de habitantes, un ecosistema profundamente alterado, un cambio climático en plena vorágine y un capitalismo industrial en quiebra por falta de fuentes de energía baratas. Ello provocará a su vez un crecimiento generalizado del precio de los alimentos, que por otro lado ya ha comenzado, así como la escasez cada vez mayor de agua dulce de calidad. Crisis energética, cambio climático, colapso ecológico, derrumbe del sistema capitalista, hambrunas y migraciones a gran escala serán, si nada ni nadie lo remedia, inevitables. Además, es posible que en medio de la crisis del capitalismo puedan surgir regímenes totalitarios y que la democracia vaya perdiendo terreno progresivamente. Así, pues, la quiebra del capitalismo no llegará tanto de la mano de la revolución proletaria, como previera Karl Marx, sino fruto del agotamiento de las fuentes de energía fósiles y de sus consecuencias.

            ¿Afectará a todo el mundo? Pues en líneas generales sí, aunque, como reconoce el autor, perturbará mucho más a las tradicionales regiones industriales y a los países emergentes que a las áreas más atrasadas o aquellas en las que la población indígena vive al margen del consumismo capitalista.

            Y finalmente, ¿hay algún motivo para la esperanza? En principio el cambio tranquilo parece difícil, entre otras cosas porque una buena parte de la población, sobre todo en Occidente, está desmovilizada. A su vez, los medios de comunicación, aunque masivos en la actualidad y fácilmente accesibles, muestran la información sesgada y totalmente manipulada, ante la indiferencia de la mayoría. Asimismo, existe una fe ciega en la tecnociencia, es decir, la creencia de que la tecnología solucionará todos los problemas del presente y del futuro. Será duro para la actual juventud que, salvo excepciones, está inmersa en un mundo hedonista e insolidario. Sin embargo, no podemos perder la esperanza, que es la llama que ha mantenido viva a la humanidad. Con total seguridad, tras la dramática y dolorosa transformación del mundo, que dejará miles de cadáveres en el camino, surgirá una sociedad más respetuosa con el medio ambiente, más justa y más solidaria. Como indica Ramón Fernández, la ilusión en que otro mundo es posible nos debe iluminar el camino. Mientras eso ocurre, no podemos quedarnos de brazos cruzados, debemos seguir luchando para que las mejoras sociales del siglo XX no sólo no se desmantelen sino que se extiendan a todo el mundo.

             Para acabar, solo me queda felicitar al autor por un análisis tan exacto como revelador. De nuestra toma de conciencia depende que el cambio sea más o menos traumático. Suerte a todos.

                                                                                                                              ESTEBAN MIRA CABALLOS