Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2015.

LA GRAN ARMADA COLONIZADORA DE NICOLÁS DE OVANDO, 1501-1502

20150110181253-img-20150109-091204.jpg

MIRA CABALLOS, Esteban: La gran armada colonizadora de Nicolás de Ovando, 1501-1502. Santo Domingo, Academia Dominicana de la Historia, 2014, 460 págs.

 

         El período de gobierno de Nicolás de Ovando me viene interesando desde mis años de estudiante de la licenciatura de Historia de América. Hace ya más de dos décadas llamó poderosamente mi atención este freire a quien se encargó enderezar el rumbo de la fracasada factoría colombina. Siempre me pareció su gobierno, austero, duro, brutal y sangriento, pero también leal y, sobre todo, eficaz, para asentar una colonización que hasta ese momento estaba siendo cuestionada. Y, en especial, me interesé por la gran escuadra de más de treinta navíos que se aprestó en Sevilla desde finales de 1501. El bullicio que presumiblemente generó debió ser verdaderamente espectacular. Dicha flota tuvo una importancia excepcional por varios motivos: primero, porque fue la mayor empresa colonizadora preparada hasta esos momentos por Castilla. Segundo, porque fue la primera aprestada en Sevilla, ciudad que comenzaba a configurarse como la metrópolis del comercio indiano, en detrimento de los puertos onubenses y gaditanos, como se confirmaría solo un año después con la fundación en aquella ciudad de la Casa de la Contratación. Y tercero, porque su organización fue modélica, hasta el punto que se convirtió en punto de referencia para otras posteriores, como la de Diego Colón de 1509 o la de Pedrarias Dávila de 1513.

         Sin embargo, pese a la importancia del acontecimiento y a falta del libro de armada, nos teníamos que conformar con los datos ofrecidos por los principales cronistas. El tiempo pasó, y en el año 1998 apareció un extraordinario estudio sobre la flota de Pedrarias Dávila a Castilla del Oro (1513-1514), publicado por la doctora María del Carmen Mena García. Desde ese momento siempre quise realizar un trabajo similar de la escuadra ovandina, aprestada más de una década antes y con la que guardaba muchos paralelismos, aunque también notables diferencias. Por ello, me parece justo decir que el modelo que he seguido para la realización de este texto ha sido el libro de la armada de Pedrarias. No obstante, he dispuesto de bastante menos información, de ahí que haya numerosos aspectos que, muy a mi pesar, no he podido reconstruir.

         Mi objetivo ha sido recolectar minuciosamente todos los datos fiables que conocemos sobre la escuadra para, a continuación, realizar un análisis detallado de la misma. Es posible que éste sea el único mérito de esta obra, es decir, el de haber recopilado todos los datos que circulaban, la mayoría impresos, en muy distintos ensayos, trabajos de investigación y colecciones documentales. Huelga decir, que el libro puede tener cierto valor mientras no aparezca el libro de armada porque cuando eso ocurra –si ocurre-, su trascendencia será meramente anecdótica, aunque eso sí, sabremos exactamente cuántas de mis hipótesis eran ciertas.

         La elección del título ha sido meditada; hablamos de colonización frente a descubrimiento y conquista porque, por primera vez, la idea era establecer lo que Juan Pérez de Tudela llamó nuevo poblamiento, de ahí que se premiase con pasaje franco a todos los casados que decidiesen llevar consigo a sus familias. No ignoro que algunas armadas anteriores, especialmente la del segundo viaje colombino, también habían tenido pretensiones colonizadoras, pero nunca hasta ahora se había puesto tanto empeño en asentar la colonización. Y asimismo, utilizamos la palabra flota y no armada, aunque en la documentación ambos términos se emplean de manera sinónima. Sin embargo, pese al mantenimiento del nombre de las Flotas de Nueva España, en adelante se usó más el término armada cuando era una formación de carácter estrictamente militar, y flota cuando se trataba de una comercial. Por este motivo, y aunque la diferencia entre armadas y flotas era muy sutil, he preferido usar este último concepto.

         E incluido al final del texto ocho apéndices en los que aparece la información básica sobre la que hemos cimentado nuestro análisis. El primero tiene, a mi juicio, un valor extraordinario ya que es la primera relación alfabética documentada de los pasajeros. Se trata de un listado con cerca de medio millar de personas cuya presencia en la flota es segura o muy probable. Está confeccionada con todo el material documental e impreso disponible hasta la fecha. Hemos excluido de la lista a todo aquel sobre el que teníamos dudas fundamentadas, incluyéndolos en el apéndice II. Los apéndices III, IV y V no tendrían ningún valor si se conservase el libro de armada, hasta el presente extraviado. Se trata de tres extractos que realizaron otros tantos historiadores, de ahí su interés. El apéndice III es una interesante relación que elaboró, en el siglo XVIII, el célebre erudito y archivero Juan Bautista Muñoz y que nos aporta infinidad de detalles sobre los pasajeros y la cargazón. En el apéndice IV, reproducimos otro extracto, en esta ocasión redactado en 1886 por Fernando Belmonte y Clemente, que se centra fundamentalmente en los navíos y en la tripulación. Y finalmente, en el apéndice V, incluimos otro resumen que publicó fray Ángel Ortega O.F.M. sobre los franciscanos que viajaron en la misma y los enseres que llevaban. Las tres minutas son complementarias y suplen en buena medida la ausencia del tantas veces citado –y añorado- libro de armada. En el apéndice VI, presentamos una extensa relación de todos los trabajadores que viajaban con contrato laboral, especificando sus condiciones. En el apéndice VII, reproducimos el registro de la nao Santa Catalina que zarpó del puerto de Santo Domingo en septiembre de 1505. En dicha relación se incluyen los nombres de algunos recién llegados que enviaban a Castilla diversas partidas de oro, algunas muy cuantiosas. Y finalmente, en el apéndice VIII, elaboramos un listado fiable de aquellas personas que permanecieron en la isla, retornaron a la Península o marcharon a otros lugares. En base a este registro, ofrecemos algunas reflexiones en el texto.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Si alguna persona desea adquirir este libro diríjase a la siguiente dirección de email: Caballoss1@gmail.com)

Etiquetas: , , , , , , ,

No hay comentarios. Comentar. Más...

LAS INDEPENDENCIAS AMERICANAS Y SIMÓN BOLÍVAR, 1810-2010

20150120115337-001.jpg

­CAVA MESA, Begoña (Coord.): Las Independencias Americanas y Simón Bolívar, 1810-2010. Bilbao, Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 2010, 96 págs.

 

        En este pequeño libro se recogen las cuatro conferencias impartidas en Bilbao en 2010, por los profesores Roberto Breña Sánchez, Miquel Izard Llorens, Lionel Enrique Muñoz Paz y Carlos Malamud Rikles. El evento se realizó en la capital vizcaína , bajo el patrocinio del Ayuntamiento, la Diputación Foral de Vizcaya, la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco y la Universidad de Deusto. El acto se realizó aprovechando la conmemoración del Bicentenario de la Independencia y bajo el recordatorio de los remotos orígenes familiares vizcaínos del Libertador.

        Roberto Breña Sánchez, profesor del Colegio de México, disertó sobre la Independencia novohispana y su comparativa con la de Sudamérica. México evolucionó desde el autonomismo defendido en 1810 a la lucha por la independencia que se consumó en 1821 de la mano de Agustín de Iturbide. Se estableció una monarquía a diferencia de lo que ocurrió en el resto de Latinoamérica, exceptuando Brasil.

        Por su parte Lionel Muñoz Paz, de la Universidad Central de Venezuela, disertó sobre el proceso independentista en Venezuela, que también evolucionó desde el juntismo de 1808 en apoyo de la soberanía de Fernando VII a una rápida voluntad independentista a partir de 1810. El proceso estuvo muy influido por el ideario de la Ilustración y de la Francia Revolucionaria. El proceso fue relativamente rápido, impulsado por Simón Bolívar y Francisco Miranda, por lo que el 5 de julio de 1811 se proclamó la Independencia. Unos meses después, el 21 de diciembre de ese mismo año, se promulgaría la primera Constitución de Venezuela, claramente insipirada –si no copiada- de la Norteamericana.

        Carlos Malamud, profesor de la U.N.E.D., trazó un recorrido por la Independencia pero desde la óptica de revoluciones políticas. La Independencia fue mucho más que un enfrentamiento exclusivo entre criollos y peninsulares. Concluye Malamud que las independencias latinoamericanas no fueron revoluciones sociales ni económicas, pues las estructuras sociales y los sectores productivos y comerciales no sufrieron apenas variación. En muy poco tiempo todo retornó a la normalidad y las cosas siguieron siendo más o menos igual, aunque el control de los Estados Unidos y de Inglaterra fueron muy superiores al que ejerció la antigua metrópolis. Ahora bien, los sistemas políticos si experimentaron una gran variación desde la monarquía absoluta a un modelo republicano que, exceptuando el caso portugués, triunfó desde muy temprano en casi toda Latinoamérica. Como dice Malamud, el origen revolucionario de las naciones latinoamericanas dio lugar a la restauración del viejo ideal republicano, que se pretendía vincular a una regeneración de las nacientes repúblicas.

        Muy interesante es el trabajo de Miquel Izard, titulado “Libertarios versus libertadores” en el que se muestra muy crítico con las consecuencias de la Independencia para las poblaciones indígenas y cimarronas. Él, que había analizado críticamente la Conquista por las consecuencias humanitarias que acarreó a las culturas y civilizaciones aborígenes, arremete con argumentos sólidos contra lo ocurrido tras la emancipación. Y en este sentido ofrece un dato muy significativo, durante la colonia solo se ocupó realmente el 20 por ciento del territorio, quedando un inmenso espacio de libertad, donde se asentaron sociedades cimarronas, formadas por negros alzados, indios y renegados europeos de todo tipo, gitanos, presidiarios, pícaros, desertores, etc. A lo largo del siglo XIX se produjo la ocupación de todo el territorio americano, en un proceso de expansión “civilizatorio” que acarreó el exterminio de aquellos extensos espacios de libertad. Como dice el profesor Izard hacia 1880 los gobiernos americanos, con el nuevo fusil remington, “agredieron al 80% del Continente que hasta entonces se había ahorrado la civilización, lo que fue acompañado del exterminio de sus moradores, originarios o cimarrones. Y todo ello se hizo bajo la cobertura moral de todo un discurso “germinal y patriótico” que trató de justificar el genocidio en pro de la civilización, de la unidad nacional y de la patria. Fueron negadas y aniquiladas todas las identidades subalternas, homogeneizándolas todas a la fuerza bajo la excusa de la civilización. Como bien afirma Izard, la visión del indígena no fue ni comprendida ni respetada. Eso ocurrió muy claramente en el llamado Desierto argentino que no era tal, pero que fue despoblado a sangre y fuego para repoblarlo después con inmigrantes europeos, fundamentalmente italianos y españoles.

        En definitiva, la revolución de Independencia, fundamentalmente criolla, fue la llave que abrió la puerta a un nuevo genocidio, mayor aún que el colonial, en el que eliminados los enormes espacios de libertad del continente americano. En el fondo los criollos estaban convencidos de que estos representaban un lastre para el desarrollo. Una idea muy generalizada en Latinoamérica a lo largo de toda la Edad Contemporánea. Por ello, estaban decididos a sacarlos del pasado y a incorporarlos a su nueva sociedad. Ya no habría ni República de indios, ni nación india, ni comunidades indígenas, tampoco sociedades cimarronas, esas categorías desaparecerían por las buenas o por las malas.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Etiquetas: , , , ,

No hay comentarios. Comentar. Más...



ENTRE LA IRA, LA INQUIETUD Y EL PÁNICO. LA RETIRADA DE CATALUÑA, PRINCIPIOS DE 1939

20150122121625-002.jpg

IZARD, Miquel: Entre la ira, la inquietud y el pánico. La retirada de Cataluña, principios de 1939. Barcelona, Plataforma Editorial, 2013, 226 págs.

 

        Todo el libro transcurre en las dos semanas que mediaron entre la toma de Barcelona por las tropas franquistas, el 26 de enero de 1939, y la ocupación de la frontera con Francia entre el 10 y el 13 de febrero de 1939. Un capítulo casi olvidado, pues los libros de historia suelen concluir con la ocupación de Barcelona por las tropas llamadas nacionales.

        Desconocemos el número de personas que trataron de cruzar los Pirineos, en un desesperado intento por salvar sus vidas. Probablemente medio millón, de las que varios cientos, quizás miles, murieron por el camino, unos víctimas de los bombardeos fascistas y otros por estar heridos o enfermos y no resistir las duras condiciones del viaje. Ahora bien, ¿por qué huían si Cataluña había sido ocupada y la guerra había acabado? Pues está claro, todos conocían lo que ocurría después de que las tropas franquistas ocupaban una villa o ciudad; siempre el mismo patrón, el fusilamiento de todo aquel que hubiese tenido la más mínima vinculación con la República. El profesor Izard rescata del olvido el drama que vivieron estas personas, muchas de las cuales no habían tomado parte en ningún combate militar ni habían cometido más delito que vivir en la zona republicana durante el transcurso de la guerra. Y como reconoce el autor, la reconstrucción no ha sido fácil porque la propaganda fascista se encargó de inventar y difundir mentiras sobre esta columna de exiliados a los que acusaban de ser hordas rojas, que saqueaban lo que encontraban a su paso y que viajaban cargados de dinero para vivir lujosamente en el país galo. Nada parecido a la realidad, pues a través de cientos de testimonios personales el autor ha podido reconstruir el drama de aquellas personas que sufrieron el cadalso o murieron en su intento.

        Entre las páginas de esta obra se palpa, se vive, se sufre, el drama de miles de personas, que se atropellaban unas a otras, buscando simplemente su supervivencia. Una auténtica caravana de la muerte por donde transitaron soldados derrotados, políticos, intelectuales pero también niños, mujeres y ancianos, padeciendo todo tipo de calamidades. Muchas familias iban al completo, acarreando sus ropas y a veces hasta muebles, que abandonaban por el camino a medida que iban desfalleciendo. Es curioso los listados de enseres que portaban, que con frecuencia dependía de su condición social. Por ejemplo, el periodista y poeta Jaume Pla, redujo su equipaje a una maleta cargada con cajas de leche condensada, botes de pintura y la Historia Universal de Espasa Calpe, que debió ir abandonando por el camino. Evidentemente, muchos iban heridos o enfermos y se dejaron la vida por el camino, mientras que otros sufrieron los bombardeos de la aviación italiana. Era verdaderamente infame que ciudades y villas indefensas y derrotadas, así como la columna de huidos fuesen reiteradamente bombardeados, matando inútilmente a decenas de seres humanos.

        Esta columna de exiliados fue considerada por los franquistas como una amenaza que había que exterminar. O sea que lejos de aplicar el viejo refrán de “enemigo que huye puente de plata”, los acometieron, en un acto de barbarie más de los muchos que se cometieron en la guerra y en la postguerra. Por cierto, que el autor se muestra muy prolijo en bibliografía sobre la guerra en Cataluña pero omite referencias a otros episodios de la guerra y la postguerra en España que recuerdan claramente lo ocurrido en el paso pirenaico. Me estoy refiriendo a la “Columna de los Ocho Mil”, formada por mujeres, niños ancianos y milicianos mal armados de Huelva, Badajoz y Sevilla, que fueron huyendo de sus pueblos a medida que los tomaban las tropas franquistas. Esta bolsa, formada por personas famélicas y desesperadas que trataban de salvar su vida cruzando por la zona franquista hasta llegar a la zona republicana de la Serena, fueron atacados deliberadamente con armamento de repetición en el cerro de la Alcornocosa, muriendo muchos de ellos. La prensa franquista se hizo eco de la gran victoria sobre lo que ellos llamaban un “ejército rojo”, cuando en realidad no eran más que personas civiles, la mayoría desarmadas.

        Dedica el autor bastantes páginas a hablar, como siempre sin tapujos, de los excesos y errores que se cometieron en la Cataluña republicana. Hacía tiempo que había toda una lucha de clases entre los grupos dominantes, que solo funcionaban con la coerción, y la clase trabajadora. Esta tensión se había puesto de relieve en la Semana Trágica y en diversas huelgas, en especial la general de 1917. Hubo desmesuras, asesinatos, persecuciones contra la Iglesia, lo mismo de militantes de la F.A.I. que de la C.N.T., pero niega siguiendo a a Manuel Cruells, que se tratase de una campaña sistemática de exterminio del burgués sino de actos incontrolados o de venganzas personales. Se quemaron algunos conventos, que eran vistos como símbolos de la opresión capitalista, y aunque las autoridades republicana los condenaron, quizás no fueron todo lo contundentes que cabría esperar. También, como señala Izard, hubo traiciones y comportamientos poco ético de algunos dirigentes políticos. Muchos de ellos huían camino de Francia al tiempo que arengaban al pueblo a resistir. De hecho, en la propia ruta del exilio, aunque todos sufrían la contrariedad de abandonar su tierra, mientras la mayoría viajaban a pie, famélicos y al borde la inanición, algunos políticos y burócratas republicanos circulaban en coches privados o en autobuses. Asimismo, se produjeron muchas diferencias y enfrentamientos, tanto entre los propios políticos republicanos como entre los altos mandos militares, facilitando el triunfo a sus oponentes.

        Ahora bien, dicho esto y reconociendo que en la zona republicana se cometieron excesos, hay que señalar la forma de actuar mucho más metódica del bando nacional. Así, cuando los franquistas ocuparon Cataluña, hubo fusilamientos sistemáticos de todos aquellos que habían colaborado con la República o simplemente eran sospechosos de no estar con el nuevo régimen. Nuevamente, en esta cuestión hay estudios sobre otras partes de España que llegan a conclusiones similares. Por ejemplo, en Extremadura, los caídos del bando republicano fueron más de 6.900 mientras que en el bando nacional no superaron los tres centenares. Sostiene Francisco Espinosa, que una vez comenzada la contienda existió un plan de exterminio orquestado por el bando nacional que no tuvo parangón con los excesos puntuales que cometieron los republicanos. Y en este sentido afirma que la izquierda tuvo en las cárceles “a lo más granado de la derecha extremeña” –fascistas, grandes propietarios y curas- y la mayor parte de ellos salvaron la vida. Nada que ver con el exterminio llevado a cabo por la derecha, como lo prueba el hecho de que allí donde triunfaba el golpe, le seguía la represión, variando únicamente la intensidad de la misma, dependiendo de las circunstancias.

        Hay que concluir diciendo que se trata de un libro muy meritorio, donde el autor ha reconstruido en base a decenas de testimonios este drama olvidado de nuestra historia. El rescate de la memoria es el único medio que tenemos los historiadores para tratar de redimir a estas víctimas de nuestro pasado reciente. Una obra bien escrita y magníficamente editada que se lee como si de una novela histórica se tratase, aunque por desgracia sus datos y sus dramas sean absolutamente ciertos y reales.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Etiquetas: , , , , ,

No hay comentarios. Comentar. Más...

LOS ÚLTIMOS MORISCOS

20150125122927-003.jpg

SORIA MESA, Enrique: Los últimos moriscos. Pervivencias de la población de origen islámico en el Reino de Granada (Siglos XVII-XVIII). Valencia, Biblioteca de Estudios Moriscos, 2014, 289 págs.

 

        Este libro supone un avance imprescindible en el estudio de la minoría morisca que permaneció incrustada en la sociedad española, tras la supuesta expulsión de 1609-1610. Ya Antonio Domínguez Ortiz y Bernard Vincent señalaron que un grupo más o menos reducido de neófitos permanecieron en tierras peninsulares o regresaron. Sin embargo, los trabajos de Trevor J. Dadson sobre Villarrubia de los Ojos pusieron de manifiesto la magnitud del error en el que había incurrido la historiografía, al creer que todos o casi todos los moriscos habían abandonado la Península Ibérica, tras los decretos de expulsión de Felipe III. Desde entonces se ha producido un goteo constante de estudios sobre distintas zonas de España en las que se evidenciaba que el caso de Villarrubia no era un hecho aislado sino que podía extenderse incluso a buena parte del territorio español. Entre esos trabajos hay que citar los de Manuel Fernández Chaves, Rafael M. Pérez García, James B. Tueller, François Martínez, Manuel Lomas Cortés, Rafael Benítez Sánchez-Blanco, Miguel Ángel Moreno Ramírez de Arellano y el que escribe estas líneas, entre algunos otros. La obra que ahora reseñamos supone un salto adelante en esta línea revisionista, pues el autor ha manejado una ingente documentación que le ha permitido constatar la extraordinaria magnitud de la permanencia en el antiguo reino de Granada.

        Efectivamente verifica que cientos de familias eludieron las dos expulsiones, la de 1570 en dirección al interior peninsular y luego la de 1609. Conocíamos casos aislados de colaboracionistas como los Granada Venegas, estudiados por el propio prof. Soria. También sabíamos de la persistencia de esclavos –que además continuaron llegando-, de niños y de personas deposadas con “cristianos viejos”. Lo realmente novedoso de esta obra, como ya henos afirmado, es la magnitud de la permanencia en el caso granadino. Se trata de decenas de familias que se quedaron y que muchas de ellas han perdurado en el solar peninsular hasta nuestros días. Algunas de ellas descendientes de la vieja nobleza nazarí, como la Casa de Granada y los marqueses de Campotéjar, y otras puramente moriscas, algunas de gran solera como los Venegas de Monachil, los Belvís de Almería o los Salido de Guadix. En cualquier caso, como advierte el autor, las familias moriscas identificadas son necesariamente pocas porque el éxito de la permanencia se basó precisamente en la ocultación. Obviamente nadie en su sano juicio reconocería una ascendencia morisca, ni menos aún mostraría signos externos de prácticas islamizantes. Por ello, todos estos datos pacientemente documentados por el Prof. Soria Mesa, pueden ser acaso la punta del iceberg de un fenómeno mucho más generalizado y extendido quizás a buena parte de la geografía nacional.

        Otra cuestión que me ha parecido muy novedosa es que muchos mantuvieron en secreto sus ancestrales prácticas islámicas. Las prácticas endogámicas reforzaron y renovaron continuamente los lazos de solidaridad grupal. En caso de no encontrar un marido de su misma ascendencia étnica-religiosa para una hija, optaban por la soltería definitiva, quedando la fémina al amparo de su familia. En la tardía fecha de 1728 y 1729 hubo dos autos de fe en los que fueron procesadas un total de 250 personas por prácticas islámicas, lo que denota la pervivencia no solo de moriscos, sino de prácticas mahometanas. Pero hay más, en 1729 desembarcó en Turquía una familia granadina completa, los Figueroa Aranda, alegando que eran descendientes de los reyes moros de Granada y que pretendían observar públicamente la religión de Alá. Obviamente, el visir de la Sublime Puerta los acogió con todos los honores. El caso es que no fueron los únicos que se exiliaron pues hay constancia de la llegada a Túnez de otros granadinos, por motivos similares. Y digo que todo esto es sorprendente porque en otras partes de la Península, como Extremadura o Villarrubia de los Ojos, da la impresión que la mayor parte de los conversos que permanecieron, lo hicieron por su integración plena en la sociedad cristiana. Y para ello contaron con el apoyo del resto de los vecinos y de los párrocos que omitieron la condición conversa de muchos de sus feligreses, al entender que eran buenos cristianos y estaban bien integrados. En el momento de la expulsión, muchas familias conversas llevaban varias generaciones conviviendo pacíficamente con los cristianos de sangre limpia, sin que se apreciasen diferencias externas entre ellos.

        También interesante es el estudio de la actividad económica de estos conversos que demuestra la habilidad de muchas de estas familias para sobreponerse a las expulsiones y a las confiscaciones de bienes. En los siglos XVII y XVIII se dedicaron a una gran variedad de oficios, muchos de ellos relacionados con los oficios públicos –médicos, abogados, escribanos, etc.- el comercio, la artesanía -fundamentalmente de la seda- y la administración de patrimonios nobiliarios. Esta actividad económica les permitió adquirir fincas rústicas y urbanas, así como rentas censales, obtenidas a través de la concesión de préstamos. Incluso, muchos de ellos se ennoblecieron sin demasiados problemas, obteniendo la hidalguía y en algunos casos entroncando con la alta nobleza y obteniendo algún hábito de caballería. Y es que, aunque era preferible ser “cristiano viejo”, el grado de discriminación que sufrieron los morisco o amerindios nunca fue equiparable al que padecieron los judeoconversos.

        Para concluir diré que este libro del Dr. Enrique Soria supone un salto cualitativo en los estudios sobre la permanencia morisca en la Península Ibérica. Un estudio extraordinariamente sólido por el amplio repertorio de fuentes documentales e impresas que ha manejado su autor. Su conclusión no deja lugar a la duda: en el reino de Granada, millares de moriscos lograron quedarse a pesar de las estrictas órdenes regias.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Etiquetas: , ,

No hay comentarios. Comentar. Más...

PATAGONIA. CRÓNICA DE UN VIAJE

20150128232858-001.jpg

IZARD, Miquel: Patagonia. Crónica de un viaje. Madrid, Catarata, 2011, 206 Págs., I.S.B.N. 978-84-8319-605-2.

 

        El autor declara haber cruzado el charco en más de cuarenta ocasiones, sin embargo, el viaje a la Patagonia argentina, desde Trelew a Usuahia, en 2009 fue especial. Había viajado a Buenos Aires para impartir un curso de Maestría, aprovechando la ocasión para visitar esta atractiva región austral. Dicha experiencia la usa como excusa para trazar una historia sucinta del país, desde su conquista por los españoles hasta la actualidad. Eso sí, se trata de una historia diferente, crítica, tratando de ver lo que hay detrás de la apariencia, iluminando lo que hay debajo de los silencios, en definitiva, con el sello característico de los estudios de este genuino historiador catalán.

La progresiva llegada de los europeos fue pareja a la disminución drástica de los nativos: tehuelches, mapuches, onas, yámanas, etc. Se remonta el autor a la época de la Conquista de la que dice que, pese a su barbarie, solo afectó a una pequeña porción del territorio. En el resto se mantuvo un cierto grado de libertad, conviviendo grupos nativos con inmigrantes de muy diverso tipo: negros cimarrones, minorías étnicas y hasta homosexuales que huían del clima irrespirable creado por la España inquisitorial. En la Patagonia vivían lo que el profesor Izard llama “naciones armónicas”, cuya base era la autosuficiencia, la reciprocidad, la solidaridad y la cooperación, siendo sus órganos políticos eran asamblearios. Y aunque los europeos los tildaron de bárbaros, vivían en completa sintonía con la madre naturaleza, entre otras cosas porque en ello les iba su propia supervivencia.

Sin embargo, si el daño provocado durante la colonia fue grave, el perpetrado por los criollos tras la Independencia fue aún peor y además irreversible. El pensamiento anti-nativo se convirtió en doctrina oficial en la Argentina contemporánea, justificando el genocidio el destierro y el saqueo. Por poner un ejemplo significativo, en un libro de geografía, aprobado como texto escolar por el Ministerio de Educación, y escrito en 1926 por el profesor Eduardo Acevedo Díaz, se podía leer lo siguiente:“La Republica Argentina no necesita de sus indios. Las razones sentimentales que aconsejan su protección son contrarias a las conveniencias nacionales”.

        Pero retomando el relato de la Patagonia, afirma el autor que cuando se divisan aquellas llanuras inabarcables afloraran todo un cúmulo de sensaciones, intuyendo que detrás de aquellas llanuras inabarcables, de aquellos vacíos y de aquellos silencios había cosas, historias y vidas por descubrir. Fue el cronista italiano Antonio Pigafetta quien bautizó el territorio por primera vez como región Patagona, popularizándose el uso de Patagonia en el último cuarto del siglo XVIII. Desde la Independencia fueron usurpadas todas las tierras y exterminados casi todos sus habitantes originarios ya que no se adaptaban bien a la explotación laboral del mundo capitalista. Las tierras fueron adquiridas por grandes empresas o grandes latifundistas que las emplearon para la ganadería ovina extensiva, sustituida por la vacuna y la agricultura del cereal desde mediados del siglo XIX. El sobrepastoreo fue insostenible provocando la desertización. Se ubicaron en Tierra de Fuego varios presidios penales, sobre todo el de Usuahia, considerado un verdadero Guantánamo de la primera mitad del siglo pasado. Al parecer, fugarse era impensable, y en caso de ocurrir no existía posibilidades de sobrevivir fuera por las inmensos territorios helados que había que recorrer. Hasta su cierre el 21 de marzo de 1947 se perpetraron allí todo tipo de crímenes de estado: homicidios, lesiones, violaciones, estupros, etc. como denunció en 1934 el diputado Manuel Ramírez en una visita al penal.

En la actualidad la región se beneficia del turismo masivo, que a medio plazo puede resultar insostenible. Los Parques nacionales sumaban en 2005 más de tres millones y medio de hectáreas, repartidas en 33 áreas, existiendo además otros 250 predios protegidos. El castor, un roedor semiacuático originario de América del Norte y Eurasia, fue introducido desde Canadá a mediados del siglo pasado, convirtiéndose en una verdadera plaga. La tierra ha sido adquirida por grandes firmas, como la Benetton de la que se decía en 1997 que poseía en la zona cerca de 900.000 hectáreas. En sus costas se han producido decenas de naufragios ya que, antes de la construcción del Canal de Panamá, la Tierra de Fuego, era ruta obligada para los barcos que pretendían cruzar del Atlántico al Pacífico. Cientos de barcos, y en no pocos casos los cadáveres de sus tripulantes, yacen en las soledades del fondo marino. Y todo ello en la actualidad con el agravante de los vertidos de combustibles que generan los navíos que transitan o que naufragan. En noviembre de 2007, el “Explorer”, un crucero turístico, se hundió en la Antártida, y aunque sus pasajeros fueron rescatados, vertió 185.000 litros de combustibles que dejaron una mancha de 40 km2 en una zona que está declarada reserva natural de la humanidad. En definitiva, un precario equilibrio que la masificación turística y la sobreexplotación amenazan con destruir.

El maestro Izard nos acerca, con su eterna mirada crítica y su aguda labor investigadora, el pasado y el presente de la Patagonia argentina, un territorio enigmático y atractivo, pero también extremadamente frágil.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Etiquetas: , , ,

No hay comentarios. Comentar. Más...



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris
Plantilla basada en el tema iDream de Templates Next